El tiempo se me atraganta.
Se me confunden olores.
Desdoblo -al doblar tambores-
las páginas arrugadas
de este show enloquecido
en arenas construido
y que apenas sabe a nada.
Las carrozas se suceden
como las horas perdidas:
nunca ya reconocidas
en el vaivén de los años
que, mecidos con la vida,
transforman alma-guarida
en la cáscara de extraños.
Y la cabalgata pasa;
y los niños se amontonan;
y, en mi esencia, se acantonan
los efluvios a basura
de tantas contradicciones
vestidas de tradiciones
y atracones sin mesura.
Y yo no escapo: me sumo.
Muy quedo musito el credo
atrapando el caramelo
desposeído de mi,
que periclita en mi historia
tras las impuestas memorias
que hace, ya tanto, perdí…



























