Ahí al lado, junto a la Avenida Adolfo Suárez tienen la última novedad en lo que a las tardes de domingo se refiere. Cojan la bicicleta, los niños, el perro, las cantimploras y salgan de excursión a ver los restos romanos que han salido a la luz con las obras de la nueva autopista.
Según los arqueólogos son restos irrelevantes que no sustentan su conservación in-situ. Ellos son los expertos así que no seré yo quién diga lo contrario, pero algo sí puedo decir: así fueran los restos de la mismísima Atlántida, carecerían de valor alguno. En primer lugar porque no interesa, y en segundo porque están en Dos Hermanas, y aquí todo está falto de valor histórico o cultural, se da por hecho, y se actúa en consecuencia.
Así tenemos un casco histórico reventado por las actuaciones de las últimas décadas por parte de la administración, la especulación de las empresas y los particulares (que es lo más alarmante). Los que hemos reinventado Dos Hermanas, partiendo de un típico pueblo sencillo de la baja Andalucía, convirtiéndola en una medio-ciudad (con medio me refiero a mediocre en algunos aspectos, por mucho que me duela), somos los mismos que alabamos otros pueblos que han mantenido su esencia; y no me refiero a pueblos monumentales y turísticos, que dicho de paso son una minoría, sino a los que compartían con Dos Hermanas la sencillez de casas blancas y calles adoquinadas.
Es una pena que los grandes y bienvenidos cambios que se han producido en la ciudad no se hayan aprovechado para mejorar y adaptar el pueblo a la gran urbe en la que nos estamos convirtiendo.
Como ejemplo ilustrativo la ampliación del centro cultural de la Almona. Nos encontramos con una torre de molino, de las tantas que poblaban el pueblo, y de las pocas que por desgracia quedan, reclamando una urgente restauración, que no llegará, al menos en breve; y junto a ella, las obras de ampliación del centro cultural con un mazacote de hormigón que la oculta en gran parte y que la infravalora desde cualquier punto de vista. Un despropósito puro, una burla.
No se puede estar en contra del progreso, del crecimiento y de las nuevas formas de construcción, todo lo contrario, pero estos cambios no deberían entrar en conflicto con otras formas tradicionales sino complementarse unas a las otras. Lo que no podemos hacer es derribar o dejar caer edificios históricos, que pueden tener mayor o menor calidad arquitectónica, pero que agradan al 98% de los nazarenos, para construir otros que aprecia el 2% restante. Una cosa es la arquitectura de vanguardia que por su calidad casa con todo, y otra la arquitectura ba-ra-ta que es lo que impera por todos lados y que es un pegote allí donde se haga, arquitectura de estilo nave industrial y pavimento tipo Costa Ballena, metido todo con calzador entre el casco histórico.
Para seguir en la línea, dentro de poco tiempo una máquina excavadora borrará todo vestigio de los últimos restos arqueológicos encontrados, porque no creo que se vayan a desmontar los más significativos para ser custodiados en el inexistente museo de la ciudad. Por eso vayan de excursión a verlos in-situ, comprobaran también como algunos “expoliadores” se han llevado algunas piezas recientemente, no voy a invitar a nadie a que lo haga, pero al menos en casa de algún nazareno quedará una muestra bien custodiada. Salgan de excursión, porque además parece estar de moda.






























