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    Incentivo cultural

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    Al cantar las verdades del barquero
    se aspira a aleccionar; dar un repaso.
    Lo que busca el soneto no es el caso:
    tan sólo hace pensar, que es lo primero…

     

    En esta sociedad del eufemismo
    donde el dúctil poder es cauteloso,
    no es difícil caer en el pomposo
    y siempre agradecido populismo.

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    A todo se gobierna con el mismo
    patrón tan inventado —y ya casposo—
    de pensar que en un bar —lugar ocioso—
    se incentivan cultura y progresismo.

    Así pasa en la plaza nazarena
    pegada a la estación: El Arenal,
    culturizando en copas, su estructura.

    Yo discrepo; me salgo de la arena.
    ¿Por qué siempre que abogan por un bar
    hay tantos que lo visten de cultura…?

     

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