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Cuatro primos

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Erase una vez Cuatro Primos, una ciudad en un país moderno, democrático, regido por unos grandes principios de igualdad. En unos años la ciudad había crecido mucho, pasó de ser pequeña a tener dos anillos de circunvalación, cinco líneas de autobús urbano, varios ambulatorios… Antes, los que velaban por la seguridad eran vecinos, conocidos, gente llana con la que se podía tratar, pero al hacerse tan grande tuvieron que meter más gente, incluso les hicieron un gran castillo dónde se juntaron todos los guardianes. Pero, claro, los vigilantes que entraron ya no eran esos vecinos y gente llana con la que se pueda tratar, sino adictos al gimnasio y a la gomina a los cuales el uniforme de guardián les hacía crecer el ego.

Lo peor venía cuando a alguno de los guardianes no les hacía alguien mucha gracia y pasaban de defender a los vecinos de Cuatro Primos a hacerles la vida imposible. Guardianes que cobraban de los impuestos de todos los vecinos, un día, según cuenta la leyenda, le quitaron el ciclomotor a un vecino de Cuatro Primos por no llevar el recibo del seguro del ciclomotor, así que como éste era menor de edad llamó a su madre. El ciclomotor tenía seguro, pero como era de cobro reciente no le había llegado el correo con el recibo bancario de haberse pagado. El problema se hubiera arreglado con una llamada al seguro para que confirmara el pago, pero los guardianes no quisieron hacerlo y no hubo manera de recuperar el ciclomotor.

El niño se dio por vencido pero la madre insistía, así que el niño desde la puerta del castillo de los guardianes alzó la voz diciendo a su madre que estaba dentro: ¡Vámonos que aquí no hay nada que hacer! Allí salen dos de los que cobran de los ciudadanos y los defienden y uno le dice: “Cállate”, y el otro que cobra de los ciudadanos y nos defiende, le arrea un tortazo al niño en la cara, le deja la cara roja y lo meten en el castillo por decir a su madre que se fueran. Se les pidió que se identificaran a los que cuidan de los vecinos y también cobran de ellos y decían que no, intentaron poner una denuncia en el castillo de los guardianes y tampoco les dejaron, así que tuvieron que ir al Juzgado de Guardia a denunciar.
Pasaron los días y llegó el día del juicio. Avisaron un día antes para no poder llevar testigos de lo ocurrido en el castillo, pues lo vio mucha gente que estaba esperando para sacar la documentación. Pero la mayor sorpresa fue cuando la Sra. Jueza preguntó al guardián que cuida de los ciudadanos y también cobra de ellos que si él había pegado al niño, la respuesta del guardián que cuida de los ciudadanos y cobra de ellos dice “no, eso no ha ocurrido” después de haber jurado decir verdad, y claro como la palabra de los que cuidan de los ciudadanos y que cobran de ellos vale más que la de cualquiera, pues les dieron la razón.

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Desde ese día cuenta la historia que hubo tres juicios más porque los guardianes de la seguridad de los ciudadanos y que cobran de ellos en Cuatro Primos no hacen más que agredir, provocar e insultar al joven y a su madre. Incluso me cuentan que hace bien poco de nuevo pararon a un joven con el ciclomotor del otro joven, éste se acercó a darle la documentación del vehículo y la contestación de los guardianes engominados que cuidan de los ciudadanos y cobran de ellos, fue darle unos tortazos y meterlo en el “carruaje” engrilletado. En eso que llegó la madre, el padre y la hermana con la sobrina a informarse de lo que había pasado y la respuesta de los guardianes de Cuatro Primos que cuidan y cobran de los ciudadanos fue empujones incluso a la hermana con la niña en brazos de dos años. Según sigue el cuento, pusieron de nuevo una denuncia en el Juzgado de Cuatro Primos, pero como siga valiendo más la palabra de los vigilantes engominados que cuidan y cobran de los ciudadanos en Cuatro Primos estamos apañados.

Y colorín colorado este cuento todavía no ha acabado y además de momento las perdices se las comen los engominados vigilantes que cuidan y cobran de los ciudadanos de Cuatro Primos.

 

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