Asistí al Pregón de Navidad de la Hermandad de Jesús Cautivo y María Santísima de la Esperanza en su Iglesia de Nuestra Señora del Rocío. El pregonero fue mi amigo Manuel Bejines Ortega. Aunque ya conocía sobradamente su fervor por el mundo cofrade, por su Hermandad y, sobre todo, su devoción a "su Virgen", "su Señora", María Santísima de la Esperanza, tengo que decir que lo principal que me conmovió de su pregón fue el eterno agradecimiento a los miembros de su otra familia, la de su Hermandad.
Una cofradía que a lo largo de su historia ha pasado muchos momentos difíciles, pero donde siempre estaba Manolo para ayudar a volver a levantarla. Es curioso que a muchas personas nunca se les reconoce en vida ningún mérito, Manolo ha tenido la suerte de que "su Hermandad" se lo ha reconocido, ofreciéndole ser pregonero de su Esperanza.
Nuestra amistad se remonta a hace 25 años y esta mañana escuchándolo he visto como el amor a su Hermandad y la devoción a su Virgen han pulido a un hombre bueno, amigo de sus amigos, trabajador y amante de su familia. Gracias Manolo, no cambies.






























