En primer lugar, [quisiera] saludar y dirigirme a todos mis queridos radioyentes de Copla y Sendero, mis corazones generosos, como yo os digo cariñosamente. [Quisiera] deciros de todo corazón, desde el más profundo respeto, agradecimiento, cariño y reconocimiento que a todos os profeso, que llevaré siempre, muy dentro de mí, esa inmensa alegría y esa gran satisfacción de haber vivido junto a todos vosotros ese bello y hermanado sueño llamado Copla y Sendero. Esta, mi ilusión, no hubiera sido posible de no ser por vuestro incondicional apoyo, cariño y consideración, que día a día ustedes me brindaron. Gracias a todos de todo corazón. También [quisiera] deciros que yo no soy profesional en estos medios, por lo que os pido mis más humildes disculpas. Si algo hice mal, o en algo me equivoqué, lo hice con todo el cariño, la ilusión y el empeño que me dieron mis conocimientos y posibilidades. Ya para despedirme, [me gustaría] daros a todos vosotros, de parte de mi compañera Amparito y del mío propio, eternas gracias a todos mis radioyentes e internautas. Un fuerte abrazo para todos y con especial cariño de Riscardo a mis corazones generosos. Que la vida os traiga en este nuevo año 2008 salud, amor, paz y que vuestras necesidades se hagan realidad.
Seguidamente [quisiera] pediros mis más sinceras disculpas por no haberme podido despedir de vosotros, como ustedes hubieran merecido. Por todo ello, aprovecho estas líneas para expresaros mi más sincero agradecimiento hacia todos vosotros por vuestra incondicional consideración. Como es por todos conocido, no se me dio la oportunidad de hacer un programa para despedirme de todos vosotros como yo hubiera deseado y como sé muy bien que a ustedes os hubiera gustado. No sabéis cuánto lo lamento, pues las circunstancias adversas así me lo impusieron. El lunes día 22 y martes día 23 [de octubre], el programa Copla y Sendero no se emitió, ni tampoco, dentro del horario de la emisión del programa, hubo comunicación telefónica alguna; al contrario, se encerraron en la sinrazón del silencio por respuesta, dejando a la audiencia lamentablemente desatendida. Ante tal situación, el miércoles día 24 de octubre no tuve otra salida que llamar por teléfono en directo, a través de antena, al programa De la mañana para dar las explicaciones oportunas, ya que ellos, en ese mismo día, respondieron a través de antena a una oyente que preguntaba por qué Riscardo no hacía el programa que yo me había ido y que no deseaba seguir con mi programa. Nada más lejos de la realidad, pues a mí me comunicó Manuel González el viernes día 19 de octubre que mi programa no se podía seguir emitiendo, entre otras excusas, porque no había tiempo, a lo que yo respondí que por qué sí lo había para hacer el otro que era de dos horas. Al final, más bien como salida obligada viéndose entre la espada y la pared, me dijo que, como favor, podría hacerse a partir de la una hasta las dos, o como mucho, hasta las dos y media. Eso sí, me dejó bastante claro que no me daba ninguna garantía, pues unos días se podría hacer el programa y otros no. Estando explicando estas razones a través de antena en directo no me dejaron terminar, o sea, me cortaron dejándome con la palabra en la boca. Estos fueron los hechos ocurridos y que creo que la audiencia, que lo escuchó, puede confirmar. También añado que el lunes 22 de octubre me personé a la hora de empezar mi programa y no se me abrió la puerta. Por todo ello, creo yo que estos hechos, sobradamente explican mi queja y mi disgusto y lamentablemente, también el de la audiencia, que según su criterio así lo ha querido considerar.
A continuación [quisiera contestar] en relación al escrito expuesto por Manuel González en este mismo espacio en lo concerniente a mí. Ante todo, Manuel, leyendo tu escrito con todo detenimiento, desde luego no hay por dónde cogerlo. En primer lugar, no se pueden expresar más contradicciones hechas a ti mismo que reflejen más a las claras la falta de veracidad de los hechos, y lo subrayo en lo que se refiere a mi persona. Manolo, dicho en términos populares, no se puede jugar más al escondite ni tampoco marear más la perdiz para decir, en definitiva, lo contrario a la verdad de lo ocurrido. Por todo ello te pregunto, Manuel González, ¿tan difícil es para ti reconocer un error? Claro que, conociéndote, para ti es lo más, pues el gran orgullo que te domina puede más que pedir disculpas. Para despedirme, me dirijo a ti y te digo con el mejor de los deseos y sin acritud, que una de las cualidades más dignas del ser humano es reconocer los propios errores, y sobre todo defender la verdad, y si ninguna de estas dos razones eres incapaz de reconocer, perdona, pero no me lo puedo reprimir, mejor, Manuel González, ¿por qué no te callas?






























