A cada movimiento del dinero,
a cada toma y daca monetario,
le siguen –como el eco al campanario–
los cambios que dependen del cajero.
Se trata de asumir la economía
–la salud el ladrillo, últimamente–
impregnada a la vida de la gente
como un puente entre gozo y letanía.
A todos nos afecta –a casi todos–
reflejando su huella en la cocina,
en el coche, la playa, la oficina,
aficiones, vacaciones y acomodos.
Tal que digo: ya cerca está la cita
de la alegre velá de Montequinto.
Me temo que con tanto laberinto
la velá será más la velaíta.



























