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Algo pasó

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En su carta La economía social, publicada recientemente en la prensa local, el secretario local del PSOE y portavoz de este partido en el ayuntamiento de Dos Hermanas, Agustín Morón, hace un retrato sonriente de la España de ZP basándose en cifras que, a buen seguro, provienen de algún informe elaborado por su partido.

Un amigo mío leía el otro día esta carta y su cara no era, precisamente, para retratarla con la misma sonrisa. Es muy bonito escribir todo eso cuando en tu casa entra más de medio kilo al mes, me dijo. Mi amigo, como muchos de mis amigos, como yo mismo o, tal vez, también como tú, no puede seguir los dictados del Banco de España, ese que aconseja no endeudarse por encima del 33 por ciento de los ingresos ordinarios. Su hipoteca, como la mía o, tal vez, también como la tuya, le obliga a hacer cábalas para no acabar con números rojos en su cuenta antes de la siguiente paga, y aun así no lo consigue. Hasta hace poco compraba el periódico a diario, ahora lo leo por internet, me dijo. Con eso compensa la subida del euríbor, que le han revisado ahora.

Los políticos, tanto de un bando como de otro, tienen la costumbre de soltar datos que poco o nada tienen que ver con los datos que manejamos a diario los ciudadanos. Por muy demagógico y de perogrullo que parezca, todos hemos dicho alguna vez que salir de casa, comprar el periódico y desayunar, hace muy poquito tiempo te salía por trescientas pesetas y ahora te sale por tres euros, y que nada de eso tiene que ver con el mensaje "los españoles disponen hoy de mayor renta que nunca y de mayor poder adquisitivo", como asegura Morón en su carta. ¿A qué españoles se refiere? se preguntaba mi amigo. ¿En qué país vive este hombre? ¿No será que él vive mejor que nunca y da por hecho que los demás vivimos como él? No respondí. Ni respondí ni sonreí, porque me acordé de la sonrisa de ZP en su última entrevista en El país.

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No lo he dicho, pero he dado a entender que mi amigo trabaja. No llega a mileurista, pero su compañera, que es licenciada en matemáticas, da clases particulares a unos niños y con eso pueden tirar para adelante. Son parte de una economía social que está creciendo a base de créditos. Saben, porque lo sufren en su casa, que nada de este crecimiento ha revertido en los asalariados, sino que ha servido para engrosar el beneficio de los empresarios. Son conscientes de que sus deudas ayudan a que otros se pongan las botas.

Ellos, como tú y como yo, no entienden cómo nuestro gobierno está tan obsesionado con el déficit cero y tan poco obsesionado con el endeudamiento de las familias. Si antes había más paro, ahora hay mucho más empleo basura o precario. Si antes te hipotecabas a los 25 y por 15 años, ahora lo normal es empezar a los treinta y tantos y para los restos. Supongo que no estoy retratando la excepción a la regla: hay gente que vive mejor y otra que no se molesta en buscar piso. En la barriada El Rocío piden 23 millones por uno de 40 metros cuadrados, así que tú verás.

Es verdad: no vivimos en la miseria, no estamos en el ‘tercer mundo’. Para compensar algunos desajustes, se hacen botellonas, se bajan los discos por el emule o se piratean los descodificadores de televisión. Los triunfos de Alonso, del baloncesto o del tenis nos mantienen entretenidos. Los vuelos baratos nos ayudan a no entramparnos demasiado y hacer algún que otro viaje. En comparación con el resto del mundo, se podría decir que vivimos bien. Pero, salvo los banqueros, los especuladores y muchos políticos que dan por entendido que su nivel de vida es la referencia del España va bien (la de antes, con Aznar, y la de ahora), hay mucha gente como mi amigo, como yo o, tal vez, como tú, que tiene la sensación de que algo que pasó en nuestra vida nos hizo no normales, nos enseñó a mirar la vida desde un lugar distinto.

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