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    Los tatuajes dejan de ser símbolos de un estilo de vida para convertirse en un objeto más de la moda

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    El delineante Óscar AcostaLos medios de comunicación están imponiendo esta  práctica como un mero diseño corporal que cada vez está más de moda

     

    Gabriel Armenteros realizando un famoso tatuaje Aunque se diga que ahora los tatuajes están en su momento más glorioso, hablar de esta práctica, que los expertos la definen como una modificación del color de la piel, creando un dibujo, figura o texto mediante tinta o algún otro pigmento, supone remontarse hasta 7.000 años de antigüedad, cuando eran una práctica habitual en tiempos neolíticos. Aunque será en 1770 cuando los europeos lo redescubrieran durante la exploración del Pacífico meridional, tomándolo los marineros como un símbolo identificativo en la cultura europea tras la Primera Guerra Mundial.

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    Esta breve reseña histórica pone de manifiesto que el tatuaje no es una práctica de dos días. Prueba de ello es la trayectoria de uno de los primeros cinco tatuadotes que hubo en España hace 23 años, Gabriel Armenteros, gerente de Tatoo Dollar, y para quien “el mundo de los tatuajes ha evolucionado mucho, sobre todo en la maquinaria que se utiliza, ya que antes se realizaba de un modo más manual e imperfecto, con agujas, y por ello era poco habitual su práctica, ya que eran muy pocos los que se atrevían a soportar ese dolor”. Otra de las evoluciones vividas en este campo son los diseños. Según Óscar Acosta, director de Alien Tatoo, “antes las ideas eran más limitadas, mientras que cada vez es más frecuente que los clientes vengan con buenos diseños”.

    Aunque cualquier época del año es adecuada para tatuarse la piel, el verano es la menos recomendada por los expertos por la exposición continuada al sol. Sin embar, es cuando se registra un mayor demanda. La clientela también ha evolucionado con el tiempo, sobre todo en lo que a las mujeres se refiere, ya que, como recuerda Armenteros, “hace 20 años el porcentaje de mujeres que se tatuaba era de un dos por ciento. Hace un año esta cifra se incrementó al 60 por ciento, mientras que en lo que va de 2007 la proporción con los hombres suele ser más equilibrada”. Los más atrevidos a la hora de marcar su piel son los jóvenes “de 16 a 40 años, aunque también se está incrementando el porcentaje de edad que supera los 50 años, para la reparación de tatuajes antiguos”, apunta Óscar Acosta.

    En cuanto a las partes del cuerpo más propicias para realizar un tatuaje, Acosta asegura que  “todo el cuerpo es susceptible de ser tatuado, aunque siempre se suele optar por las partes más visibles”, como “las piernas o brazos, aunque también se impone la espalda”, apunta Armenteros”. En cuanto a las partes íntimas, los clientes más atrevidos aún son poco proclives a ello, optando, más que por tatuarlas, por colocarse un ‘piercing’.

    A la hora de diseñar un tatuaje los motivos tribales se llevan la palma, porque, según Gabriel Armenteros, “quedan bonitos y no significan nada”. Lo ornamental y simbólico gana terreno a lo ilustrativo, aunque se siguen solicitando “figuras animadas como águilas o el tatuaje de la cara de una persona”. Muy de moda, gracias al galáctico David Beckham, una de las personalidades famosas a la que los tatuadores les están más agradecidos, están las letras, sobre todo en otros idiomas, como el japonés o el élfico. Por último la moda americana de las estrellas Custó cada vez se impone más en España, aunque la tendencia, según Acosta, es “la realización de diseños muy personalizados que ganan terreno frente al catálogo de dibujos del que disponemos”.

    Desde siempre, el tatuaje ha estado estrechamente vinculado con un estilo de vida muy delimitado: “los moteros, presidiarios y marineros eran los únicos que se atrevían a realizarse una práctica tan dolorosa, casi siempre motivados por una borrachera”, anota Armenteros, “mientras que cada vez está mejor visto y en países como Inglaterra lo suelen llevar hasta los banqueros”. La generalización de esta práctica ha afectado a la simbiosis de tatuaje-estilo de vida, quedando relegado en nuestros tiempos a un segundo plano, para dejar paso a otra simbiosis, la de tatuaje-moda, como motivo decorativo”.

    A la hora de tatuar interfieren una serie de variables, desde el diseño del dibujo a tatuar hasta el estado en el que se encuentre la piel. Las pieles resecas, los rayos UVA, las quemaduras o sufrir una alguna enfermedad que impida su aplicación suelen ser en ocasiones un problema. Óscar Acosta acostumbra a informar a sus clientes de todos estos detalles antes de la realización de un tatuaje.

    Hacer un tatuaje, según Acosta, “puede llevar de 15 minutos a tres o seis horas”. Se utilizan dos electroimanes y tintas homologadas por sanidad con los que se va punzando o arañando la piel mediante líneas o círculos. Una vez tatuada la piel, al tratarse, según Armenteros, “de heridas superficiales, se suele recomendar una cura de cuatro o cinco días con cremas, así como evitar el contacto directo con el sol o el agua de la playa en 15 días”.

    La importancia de la sanidad
    Las medidas sanitarias es algo en lo que inciden mucho los tatuadores profesionales. Óscar Acosta recomienda, a la hora de realizarse un tatuaje, “elegir bien el sitio, que posea la licencia de apertura correspondiente, y mirar mucho por la higiene, con una camilla limpia y la utilización de materiales esterilizados y desechables”. Gabriel Armenteros asegura que “abro el material delante de los clientes para que vean que no está usado”.

     

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