El espectáculo se trasaladó al polideportivo ante el riesgo de lluvias
Sólo las gargantas privilegiadas pueden permitirse el lujo de derrochar voz durante dos horas de concierto sin mostrar ni un signo de agotamiento. Ése es el desafío que ha superado Malú, consiguiendo ganar a un público heterogéneo que no perdió la atención ni un momento.
Traslado de recinto
El escenario de dos niveles, que ocupaba casi la mitad del pabellón cubierto de Ramón y Cajal – donde se trasladó el concierto ante el riesgo de lluvia- sirvió para que la cantante y los músicos y técnicos que la acompañaban dieran un gran espectáculo.
El público que abarrotaba el pabellón no dejó de animar a la cantante. En una ocasión le gritaron “¡Te queremos!”, y hasta le lanzaron un ramo de flores. Malú tuvo que sentirse realmente querida la noche del viernes, puesto que además estuvo acompañada por su familia, a la que agradeció su presencia diciendo que “no los veo casi nunca, y lo que más me satisface es irme con ellos a comer caracoles en esta época del año”.
Arropada por el público fue entregándoles sus nuevas canciones y les hizo disfrutar con los éxitos de una carrera de nueve años. El público disfrutaba con los temas del último disco, Desafío, más que con ningún otro, ya que cantaban la letra a la par que la artista desde el principio hasta el final de cada tema.
Broche de oro
El concierto fue cogiendo fuerza, intercalando baladas con temas algo más rockeros. Para terminar cantó tres temas más bailables, como No me extraña nada, casi sin descansar entre uno y otro, mientras el público no paraba de moverse. Tras el saludo de despedida con todos los músicos el público seguía pidiendo más,y Malú regresó al escenario no con uno, sino con tres temas más: Si estoy loca, Toda y Como una flor, con la que acabó convirtiendo el concierto en una gran fiesta.



























