Curioso es este tiempo, febril Semana Santa,
que se esfuma en incienso, y en incienso se planta,
que se escuda en un dogma, que a su dogma suplanta,
que es amada por tantos, y que a tantos espanta.
Grandioso es este tiempo, que entre vara y costal
le da forma a la cita, le da el punto final
al periplo en silencio, que en rigor cuaresmal
engalana los templos, con fervor parroquial.
Esplendoroso el tiempo, de acólito y mantilla,
de paso y costalero, de madera y arcilla,
manigueta, patero, de saeta que brilla
y se eleva hacia el cielo, perfumando Sevilla.
Contradictorio tiempo, con imágenes curiosas
que llenan las iglesias, de hermandades pomposas
endiosando maderas, recordando -¡qué cosas!-
a aquel Dios de los pobres, entre piedras preciosas.



























