El pasado fin de semana se celebró en Madrid el XIX encuentro de Antropología y Misión con el título “Inmigrantes: un reto para la Iglesia” Se refiere lógicamente a esa Iglesia Católica de a pie, que trabaja con medios, a veces mínimos, al lado de los que necesitan cosas, hechos y aunque sólo sea una palabra de ayuda.
Por el local de los Misioneros Combonianos de Arturo Soria pasó Monseñor José Sánchez, Obispo de Sigüenza-Guadalajara que pidió a la Administración Española que ajustara las leyes a las necesidades de los inmigrantes. Destacó la buena acogida por parte del pueblo español con excepciones lamentables. Hoy se calcula, en datos extraoficiales, que estamos en más de cuatro millones de extranjeros con o sin papeles en España. Se extendió sobre la acogida, el respeto y la tutela que merecen las personas que abandonan su hogar ante la imperiosa necesidad de sobrevivir y dar de comer a sus hijos. A aquellos, cristianos o no, que soñaron marchar como cooperantes para ayudar a gentes de países pobres o en desarrollo y no pudieron, los animó a actuar porque ahora los tenemos en casa.
Conchi Carrasco, profesora de la Facultad de Ciencias Empresariales de Alcalá de Henares destacó que la inmigración es para el país de acogida una riqueza indiscutible. Que, por otra parte, a las personas que tienen su sensibilidad puesta en este problema les ha llegado la ocasión de remediar no sólo a los que arrivan, sino también a los que se quedan en origen, porque los trabajadores de inmigración enviaron a sus casas en el pasado ejercicio cinco mil millones de euros. Así mismo se detuvo en la tasa de rendimiento de estos inmigrados que está nada menos que veinte puntos por encima de la de los españoles. Que ¿cómo alguien que se considere inteligente puede pensar que la diversidad es peor que el aburguesamiento plano, llano, chato?
En la mesa redonda posterior, Conrado Franco, de Valencia, expuso la situación en aquella ciudad donde hay barrios en los que los inmigrantes significan hasta el 25% de sus habitantes. Explicó que algunas comunidades cristianas salen al encuentro de los llegados visitando sus casas. Que en la conocida casa de Belén reciben en acogida toda la noche y hasta la mañana cuantos tienen necesidad de comida y cama. Antonio Freijo, de la misma mesa, se mostró imperativo y, en términos generales, hizo una invitación a los creyentes a luchar contra el sistema en nombre de la justicia y de la dignidad de los pueblos, de las gentes. Un ser humano no puede ser jamás un ilegal. Porque justamente es el hombre, los hombres y mujeres los sujetos, el fundamento de los derechos y de las obligaciones. El sistema, sin embargo, anónimo y criminal, es capaz de despersonalizar y destruir a los individuos. El camerunés Jules Pegang expuso su testimonio personal. Tres años de calamidades para conseguir llegar a las costas de España en medio de peligros sin cuento. Tres veces saltó la alambrada de Ceuta. Hoy, trabaja para difundir entre sus paisanos la triste aventura que significa hacer el camino que ellos piensan de la libertad, pero que es de sufrimiento, tristeza y desilusión incluso para una gran parte de los que consiguieron vencer todas las dificultades.
Inmaculada Gala, una linda muchacha de las últimas generaciones de las monjas de la Caridad de Vedruna, con la cara llena de Dios, causó una profunda impresión entre los asistentes cuando nos contó su labor con las prostitutas en las costas de Cádiz desde el Puerto hasta Chiclana. Sus amigas las putas, como ella prefirió decir, son lo más marginado de la sociedad, pues reúnen en una misma persona ser mujer, pobre, inmigrante y prostituta. Se refirió a la extrema necesidad de esas mujeres y a la perdida de libertad por parte de algunas sometidas a las mafias. Inmaculada es además trabajadora social en la Asociación pro Derechos Humanos de Diamantino García. Sus amigas las putas lo son para remediar a gentes de poco dinero, quizás a sus mismos compañeros de emigración. Las putas caras, señaló, están en los pisos de lujo, son de alto standing y españolas.
Cerró las conferencias y diálogos el famoso Isidoro Macías, popularmente conocido como “Padre Pateras”. Su discurso versó sobre crear acuerdos y no desencuentros, con quien sea, como sea, ante la urgente desgracia de cada día. El Padre Pateras es un franciscano de los llamados de la Cruz Blanca que ha puesto la mística de un hombre bueno al servicio de los inmigrantes y es amigo, padre, madre, compañero de todos. Hasta de la Guardia Civil que, en emergencias, acude a él antes que a sus superiores. De ellos destaca la humanidad con que la benemérita de la costa recibe a los recién llegados. Nacido en Huelva en la zona de las minas sabe de inquietudes diarias desde pequeño. Su humor es compañero de su desestima por las leyes que recortan los derechos inalienables de cada persona, de aquellos que bordan juegos metafíscos con intereses políticos y terminan por obstruir la libertad. No sabe, dijo, ni de leyes ni de teologías, pero conoce muy bien que en el corazón de las personas con las que trabaja está el mundo entero y está Dios. Es un espíritu libertario y divertido cuya mayor sabiduría es decir sí a quien lo necesita. Su intervención fue larga y chispeante de anécdotas con una mirada subyacente de tristeza frente al amenazante sistema criminal.





























