El que sufre día a día
que sin importar la hora
en su calle vendan droga,
qué chasco se llevaría.
El que ve con qué alegría
discotecas son plantadas
en zonas ya saturadas,
qué chasco se llevaría.
Quien no duerme todavía
con insomnios de tensión
por culpa del botellón,
qué chasco se llevaría.
El que ve que no varía
que al gozar de displicencia
brille el casco por su ausencia,
qué chasco se llevaría.
O el que aguanta la anarquía
a veces desafiante
de muchos tras el volante,
qué chasco se llevaría…
Qué chasco se llevaría
–o al menos ese es mi caso–
al ver el efecto escaso
de otro paso dado en balde
por nuestras asociaciones,
viendo con qué peticiones
se acercaban al alcalde.
Parece que son vitales
dos cuestiones a tratar,
máxime sonando ya
los sones electorales:
una, arreglar sus sedes,
la otra, fíjense ustedes,
las licencias de sus bares…



























