Hace pocas fechas visité con mi esposa el Arroyo de la Dehesa. Hacía algunos años que no íbamos por allí y esperábamos encontrarlo tal y como lo recordábamos. Pero cual fue nuestra sorpresa al comprobar que a escasos metros del arroyo se estaba construyendo una futura carretera con su inevitable rotonda (tan típicas en nuestra ciudad). Evidentemente, pensamos que en la cercanía de esta carretera se construirán en un futuro cercano más viviendas, y acabará destruyéndose este Patrimonio Natural nuestro.
Nos percatamos también de la riqueza ecológica que en este lugar anida; especies vegetales y animales (especialmente aves) que acabarán muriéndose bajo la pala (excavadora) del progreso a que nos tiene acostumbrado nuestro Ayuntamiento.
Se puede llegar a entender, aunque cuesta bastante, que lo mejor que le puede pasar a Dos Hermanas es llegar a tener 150.000 habitantes por lo menos (con su insufrible tráfico correspondiente) y urbanizar todo metro cuadrado que se pueda. Pero lo que no se concibe es el poco respeto a un Patrimonio Natural como es el que representa el Arroyo de la Dehesa, lugar de esparcimiento de tantas generaciones de nazarenos.
Sí, progresaremos. Pero a costa de perder parte de nuestra personalidad como “pueblo” (para mí Dos Hermanas, cariñosamente, es mi pueblo aunque ostente el título de ciudad).
El Arroyo de la Dehesa se está perdiendo bajo las inmisercordes excavadoras y a nadie parece importarle.






























