A sus 79 años sigue escribiendo en su retiro de la Residencia San Rafael.
La vida de Alberto Calero siempre ha estado, y lo sigue estando, muy vinculada a la literatura, especialmente a la poesía. Con 79 años de edad, su propia vida es pura literatura por los acontecimientos que le han tocado vivir, ligados a los eventos políticos más relevantes de nuestro país y muy unido al Partido Comunista, a muchas de cuyas figuras ha dedicado varios poemas a lo largo de su vida, así como a sus compañeros. Espíritu inquieto
Alberto nació en Nerva, Huelva, donde apenas pudo terminar su educación, ya que con 13 años empezó a trabajar como guarda de una cochinera hasta que seis años más tarde se traslada a Sevilla, para trabajar como cocinero.
Hombre inquieto donde los haya, sus inquietudes lo llevaron a obtener un pasaporte de turista hasta Francia, donde residió durante 11 años, quedando marcado por este país y por su cultura.
Por entonces la poesía ya comenzaba a rondar por su cabeza, ya que, como el mismo reconoce, “antes de aprender a leer y escribir, ya componía yo mis poesías en la mente”. Pero será durante la Democracia, en el año 1978 cuando comience a escribir en serio a través de su vinculación con el Partido Comunista, componiendo un canto a la bandera española, así como unas sevillanas a Dolores, la Pasionaria, y a Santiago Carrillo.
Primeras publicaciones
En 1983 publicó su primer libro de poesías, A mi pueblo de Nerva, a través de la intervención de Felipe Alcalá, secretario del Partido Comunista de España, aunque, como confiesa Alberto, “tuve que costearme la impresión, pagando más de 100.000 pesetas con la ayuda de un compañero”.
En 1993 publica su segundo libro, Sentimiento Minero, por el que tuvo que pagar 420.000 pesetas, y en 1995 edita, a través del Ayuntamiento de Nerva, El Poeta en la Calle, haciendo referencia a su afición por vender sus libros en la calle.
Calero es un amante del flamenco y por ello es uno de los temas recurrentes de su poesía, además de las cosas y las personas que lo rodean en su vida cotidiana, predominando entre su métrica preferida los sonetos y los romances.
En el año 2000 su situación personal lo lleva a ingresar en la Residencia Jesús del Gran Poder, donde tras pasar por una mala racha, Alberto decide volver a despertar y a aprovechar el tiempo que pasa en el centro. Confiesa que diariamente, “leo la prensa, veo la televisión, sobre todo los documentales y Saber y Ganar y hago crucigramas y sopas de letras”.
Nunca ha dejado de escribir
Alberto no ha dejado de escribir, dedicando su poesía a la gente que le rodea, así como haciendo acrósticos con los nombres de las personas, que son poemas cuyos versos surgen de las letras que componen los nombres propios.
Calero, además, es un gran aficionado al cante flamenco y a la literatura francesa. Confiesa que “me he leído cuatro veces Los Miserables, una de ellas en francés”.
Alberto es un claro ejemplo de vejez bien llevada. Reconoce que no soporta ver cómo sus compañeros de residencia se pasan todo el día sentados sin hacer nada.
Innovador donde los haya, sus últimos avances los ha dado en el campo de las manualidades donde realiza flores de papel. Lo importante es demostrar y ponerse como ejemplo de que a las personas mayores aún les queda mucho por hacer y que aprender.



























