La actriz demostró sus tablas y saber hacer en Filomena Marturano
Había llegado el momento. Después de más de dos horas de cola, en muchos casos, para conseguir una entrada para el gran estreno de la temporada, el pasado fin de semana se levantó el telón del teatro municipal Juan Rodríguez Romero, del que Concha Velasco reconoció “no saber quién era, pero me han dicho que es un músico muy bueno”, para acoger la representación de Filomena Marturano, un versión de Juan José Arteche sobre el texto original del italiano Eduardo Filippo.
Como era de esperar el patio de butacas estaba repleto, ambas funciones, de un público ávido de ver sobre las tablas del municipal a ‘su Concha’, la protagonista indiscutible de la noche, que nada más aparecer en escena tras levantarse el telón se hizo con el escenario y la veneración de su público.
Que Concha Velasco es Filomena Marturano es evidente pero Filomena, a su vez, es Concha, y es mucha Concha, nuestra Concha Velasco. Aunque no creo que Filippo conociera a la actriz española, el texto parece hecho a su medida. Me atrevería a decir que la obra, a la que le quedan tan sólo tres funciones tras dos años en cartel agotando las localidades allá por donde pasa, no sería lo mismo sin la Velasco. Es más, y sin desmerecer al resto del elenco, del que resaltaría al soberbio Héctor Colomé, cuando Concha faltaba en el escenario, la obra flaqueaba.
La actriz, que demostró sus tablas y su buen hacer sobre la escena, desarrolla durante las dos horas de función dos facetas: la cómica, con muchos ramalazos a su compañera y amiga Lina Morgan, y la dramática de un personaje que lucha por un único objetivo en su vida:su familia.
Una mujer luchadora
Más de uno en el teatro no cejó en su empeño de buscar similitudes entre Concha y Filomena, dos mujeres luchadoras, en dos épocas y circunstancias bien distintas. Filomena es una ex prostituta que convive desde hace 25 años con un señor adinerado, Domenico Soriano. Ella tiene un objetivo claro en su vida y así se lo pide a la Madonna de las Rosas: luchar por sacar adelante y reunir a su familia (tiene tres hijos que desconocen la existencia de su madre, que los ha ayudado en la sombra). Por ellos aguanta la tiranía y el machismo de un hombre, así como el vivir en la sombra sin ser reconocida como su mujer.
Pero Filomena se cansa de esto y trama una boda con Domenico en su simulado lecho de muerte y un plan para reunir a sus hijos en el hogar familiar. Este es el comienzo de una obra al más puro estilo de los sainetes de enredos de los Álvarez Quintero, aunque más arriesgado al tratar abiertamente temas como la prostitución o el aborto, y con ciertas reminiscencias a la mítica serie de televisión Hostal Royal Manzanares que, como era de esperar, gustó mucho entre el público, que no reprimió los aplausos en más de una ocasión.
Para contentar al entregado patio de butacas, que vivió la función como si disfrutara en casa de una telenovela , la obra tiene un final feliz, que no voy a desvelar por si a su productor le da por rescatar de nuevo la obra (esta es la segunda vez que se representa, la primera vez se estrenó en septiembre de 1979).
Pero mereció la pena la espera en una cola para ver en Dos Hermanas a una de las más grandes actrices españolas, que vino, cumplió con creces y triunfó.
Sólo una pega, y no a la actriz, sino al público: por favor, la próxima vez, apaguen sus teléfonos móviles.
Quejas por las entradas
Cuando una persona se lleva más de dos horas esperando y no consigue una entrada está en todo su derecho a la queja. Durante la espera en la cola el público protestó del número de entradas que se estaban vendiendo y del servicio de venta de localidades por teléfono.
Desde la Delegación de Cultura se asegura que se vendieron cuatro entradas por persona y función, como siempre, y que las llamadas se fueron intercalando con la venta en taquilla para prestar un servicio a las personas que no pudieron acercarse al teatro.



























