Lanzo aquí, mi reflexión
al viento que se la lleve;
a un tiempo sabio que cede
al hombre, paso y memoria,
cercano el insigne día
de esta tierra, Andalucía,
jugueteando a la historia.
Ya no somos como antes…
Hemos cambiado, andaluces.
Comienzan a verse luces
de progreso —hito a hito—
aunque hayamos empezado
en el bolsillo agrandado
de listillos señoritos.
De estos nuevos señoritos
que no son latifundistas,
ni empresarios, ni accionistas
de alta cuna o rancio coto:
ahora son los vividores
que vestidos de señores
son ungidos por los votos.
Cambiamos al señorito
—no el enfoque cortijero—
a paso de costalero
y palmero facilón,
gastando mucho en carteles,
en pancartas y en manteles
y poco en educación.
Ésta es la tierra andaluza:
la servil y amaestrada,
la que siempre queda en nada,
la que, a ratos, es bandera,
como nunca facilona,
como pocas tan burlona,
como siempre, cortijera…



























