Contemplar a los titulares de la Hermandad de la Oración en el Huerto es mirar cara a cara a la historia de la Semana Santa nazarena. Cuando se abren las puertas de su casa hermandad en la calle Aníbal González cada Miércoles Santo, a las 19:00 horas, la cofradía que pone su cruz de guía en la calle es una corporación que remonta sus orígenes a finales del siglo XVI. Y se nota en el ambiente.
Todo es clasicismo en esta hermandad cuando procesiona con sus nazarenos de túnica blanca y antifaz morado. La Agrupación Musical Ntra. Sra. de la Estrella contribuye a ello, rescatando sonidos de antaño con marchas como La muerte no es el final, desde el interior de la casa hermandad, Orando al Padre o Concepción, que envolvieron la salida del misterio.







El Misterio: Simbolismo y nuevos ropajes
El Cristo de Manuel Pineda Calderón lució túnica azul y manto morado. A sus plantas, el exorno floral se convirtió en oración: los iris morados evocaban el dolor, mientras el allium simbolizaba la eternidad. Las rosas freedom y el clavel rojo representaban el amor y el sacrificio; el eryngium, la dureza de la Pasión; y el helecho, la esperanza. Como detalle singular, un jilguero había hecho su nido en el olivo, imagen viva de la creación que acompaña al Señor.
Como estreno de este Miércoles Santo, los ropajes del apostolado y ángel, diseñados y confeccionados en el taller Orobordado de Brenes. El atuendo de San Juan constaba de camisón de hilo, túnica de damasco verde y vueltas en seda marfil, mantolín de terciopelo de seda burdeos y fajín compuesto de distintos espolines y piezas de anticuario. Santiago vistió camisón de batista beige, túnica brocada dorada, mantolín de seda salvaje malva y fajín compuesto de tramos bordados en oro y plata respectivamente. A su vez San Pedro portaba camisón de lino de distinta tonalidad, túnica de pana azul grisáceo y mantolín proveniente del soporte de una casulla de anticuario, junto a fajín de tramos.
El Ángel Confortador lució un tejido etéreo, vaporoso, como es el tul con una base de mikado de seda, para el cual se ha realizado un drapeado de tul que queda recogido en cuello y mangas por pasamanería de anticuario. Ciñió su cintura lazada de terciopelo celeste con la pasamanería a juego.









Dolores restaurada
Y delante del paso de misterio, aunque ya es un habitual, la reciente medalla de oro de la ciudad de Dos Hermanas, el humorista Manu Sánchez, en su papel de pertiguero. Medalla que, en este Miércoles Santo, lució Ntra. Madre y Señora de los Dolores en su salida procesional. La Dolorosa salía por primera vez tras la restauración a la que fue sometida en el taller de Laura Pérez Meléndez, además de lucir la corona restaurada en el Taller de orfebrería Juan Lozano.
El exorno floral del palio se elevaba como delicada plegaria. Las diferentes rosas, en su pureza y elegancia, evocaban la ternura y la gracia de la Virgen. La flor de cera simboliza la fidelidad que perdura, mientras el hypericum blanco anuncia la luz y la esperanza que nacen de su amor. Así, en la suavidad de cada flor, se refleja la dulzura y el consuelo de la Madre.
A la salida de la Virgen, la Banda de Música Ciudad de Dos Hermanas estrenaba la marcha Madre Nazarena, compuesta por José Ramón Lozano Piña, tras interpretarse, previamente, Dolores.
La cofrafía no presentaba cambios en su recorrido, destacando como puntos de interés por Carrera Oficial. La A.M. Valme desplegó una sucesión de marchas, sonando en Los Jardines, En la cena del Señor, Rocío del cielo y Sanctus. Durante su presentación en la Paroquia de Santa María Magdalena, sonaron Alma Mater y Mi señor de la Oración. Rosario en tus varales y Espíritu Santo fue la banda sonora del palio de los Dolores en su presentación en la parroquia.
Otros de los momentos claves ya de la noche del Miércoles Santo fue las presentaciones en Gran Poder y Vera-Cruz, además del paso por la Plaza de la Mina y la calle Santa Cruz. Sin olvidar la entrada en su casa hermandad con un nuevo despliegue de marchas clásicas y de agrupación musical. Para despedirse del Cristo de Oración, Valme interpretó Orando al Padre, Nuestro Señor, Oh Pecador, Alma Mater, Alma de Dios y Santo, tras el Himno Nacional.
Con los sones de El día del Señor, interpretado por la Banda Ciudad de Dos Hermanas se ponía fin a la estación de penitencia, mientras el palio de la Virgen de los Dolores hacía la entrada en sus dependencias de la calle Aníbal González. Ya era Jueves Santo.




























