El día 29 de marzo, Ana Romero Sánchez cumplió 100 años, aunque ella, muy coqueta, cuando se le pregunta la edad, tiene alguna salida ingeniosa y responde que “una edad a la que ninguno de vosotros vais a llegar” o “desde que nací hasta ahora no he perdido ningún día”. Pero los datos no fallan y a finales del mes de marzo de 1926 nacía esta mujer en el municipio gaditano de Alcalá del Valle.
Una mujer de los almacenes de aceituna, que vino a Dos Hermanas con su familia, su marido Diego Romero Pulido y sus dos hijos, Lucas y Carmen, que tenían 14 y 4 años de edad, respectivamente, en busca de un futuro mejor. Durante muchos años, el cabeza de familia había trabajado en la recolección del campo en países como Francia y Alemania, pero les habían hablado de los almacenes del municipio nazareno y decidieron probar suerte en el año 1966.
En Dos Hermanas, donde se compraron una casa en la Avenida de Andalucía, Ana y su esposo trabajaron en los almacenes, consolidando su familia en este municipio. Diego falleció hace 30 años y Ana se ha convertido en la orgullosa abuela de cinco nietos y bisabuela de seis bisnietos, además de formar parte de una amplia saga familiar que se ha asentado en esta localidad.
Amplia saga familiar
Ana es hermana del fundador del Hostal y Restaurante El Emigrante. Su hijo Lucas y su sobrino Antonio Serrano fueron dueños del antiguo salón de entretenimiento La bola negra (conocidos por Lucas y Antonio de las maquinitas). Además de ser abuela paterna de los fundadores de la Hermandad del Prendimiento; tía paterna de las diseñadoras de moda flamenca Hermanas Serrano; tía abuela de los dueños del Restaurante Dalí Cinema y tía política materna de Ana María Rivera de Motos Alonso.
A pesar de su avanzada edad, como mujer centenaria, goza de una buena salud. Aunque lleva un marcapasos desde el pasado año, solo toma medicación para el tiroides y algunas vitaminas. Su familia la describe como una mujer presumida, “que le gusta estar siempre bien peinada y bien vestida”. Además, recuerdan, “siempre ha sido muy limpia y escrupulosa y no le ha gustado que nadie toque sus cosas”.
Aunque siempre ha sido muy reservada y prudente, anteponiendo su faceta de madre y ama de casa a la vida social, ahora parece más dispuesta a sumarse a cualquier plan que surja, aunque su actividad preferida es ver la televisión, con los programas de cotilleo o de Juan y Medio.
En su rutina diaria, además de con el apoyo de su familia, Ana cuenta con una cuidadora que le ayuda en el aseo personal y la acompaña a dar paseos por la ciudad en su silla de ruedas, ya que tiene problemas de estabilidad a la hora de moverse.
A Ana le gusta mucho el dulce y desayuna cada día un mollete entero con mantequilla y mermelada. Los churros de patata son su perdición, aunque también le gusta mucho cualquier plato de comida que lleve tomate,como macarrones, bacalao o pisto. Para merendar, se toma algunos pasteles y no suele cenar.

¡Felicidades, abuela!
La familia organizó el pasado día 28 de marzo una celebración para su 100 cumpleaños en el Bar El Emigrante, establecimiento fundado por su hermano Andrés. Unas 20 personas, entre hijos, nietos, bisnietos y otros familiares cercanos se dieron cita en esta conmemoración de la vida. Como regalo, le compraron unas gafas nuevas y una tarta con una foto de Ana y su difunto marido, Diego Romero Pulido, también muy conocido en el pueblo por su amabilidad y simpatía, además de por ser un gran trabajador de los almacenes de aceitunas. La tarta llevaba la dedicación “Felicidades, abuela, por tus 100 años”.




























