Dos Hermanas se llenó el pasado sábado, día 21, de Humildad con la presencia del Cristo titular de la Hermandad de Humildad y Pilar de la barriada quinteña para presidir el Vía Crucis organizado por el Consejo de Hermandades. Era la primera vez que una imagen de Montequinto era trasladada al casco histórico de la ciudad para participar en este acto de Cuaresma. Una jornada para la historia de las cofradías de penitencia nazarenas, que recibían este fin de semana a una de sus últimas incorporaciones, ya que se erigía como hermandad en el año 2022.
El Cristo de la Humildad fue acogido en la Capilla del Gran Poder, desde donde fue trasladado a la Parroquia de Santa María Magdalena para presidir el Vía Crucis. En las jornadas previas, se vivieron momentos de auténtica fraternidad entre corporaciones, sellado con el intercambio de regalos entre hermandades. La de Humildad y Pilar le entregó a la de Gran Poder un cuadro conmemorativo con motivo de la estancia del Señor en la capilla de la calle Real Utrera y una azucena para la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso. Por su parte, la cofrafía de la Madrugá le entregó a la quinteña unos gemelos para el Señor, grabados con el nombre de Gran Poder, como muestra de gratitud y fraterna unión.





Tras una mañana de Besapié en la capilla, a las 17:00 horas del pasado sábado, día 21, comenzaba el traslado de la imagen en unas andas cedidas por la Hermandad del Gran Poder con un exorno floral de claveles rojo, margaritas en tonos malvas, allium, siemprevivas en distintas tonalidades y flor de cera. El Cristo de la Humildad lució la túnica malva y plata del Cristo de la Sentencia, cedida por la Hermandad de la Macarena, y unas potencias de plata, regalo de la Junta romera de Ntra. Sra. de los Ángeles de Montequinto.
El hermano mayor de la Macarena, Fernando Fernández Cabezuelo, formó parte del cortejo durante el traslado junto al presidente del Consejo de Hermandades y Cofradrías, Fran Alba Claro, contando también con la presencia de Fátima Murillo Vera, delegada de Montequinto en el Ayuntamiento.
Precedido por los sones del trio de capilla Laudate Dominum, el Cristo de los brazos abiertos de Montequinto salía a la calle Real Utrera en una primaveral tarde de invierno. En su caminar a la parroquia, las andas fueron portadas por hermanos de las hermandades madrinas de la de Humildad y Pilar: Gran Poder, Santa Cruz y Santa Ana. Antes de entrar en el templo, el Señor de la Humildad se presentó ante la capilla de Santa Ana, donde le esperaba la junta de gobierno de la corporación de la Patrona.




El párroco Manjuel Sánchez de Heredia recibía al Cristo en la puerta lateral de la parroquia, por donde accedió el cortejo al interior del templo. El Señor se presentó ante los titulares de la Hermandad de Oración en su capilla, presidida por la Virgen de los Dolores, restituida al culto tras su proceso de restauración, y ante la Virgen de Valme, en su Capilla del Sagrario. Y antes de iniciar el rezo de las estaciones del Vía Crucis, también se posó delante del Señor de la Sagrada Entrada en Jerusalén, que estaba en Besapié este fin de semana.
A las 18:00 horas, comenzó el rezo del Vía Crucis por la Plaza de la Constitución. Las lecturas de las estaciones del Vía Crucis corrieron a cargo de María Mercedes Jurado Jiménez, exaltadora de la Navidad de 2025, y Francisco Muriel Rivas, presidente del Centro de Orientación Familiar de Dos Hermanas.
Una vez terminado el acto, y tras la bendición en el interior del templo, se inició el traslado de vuelta del Cristo de la Humildad a la Capilla del Gran Padro. El señor estuvo acompañado por los sones de la Agrupación Musical Nuestra Señora de la Estrella. Sonaba Salva, cuando al imagen que tallara José María Leal Bernáldez salía nuevamente a Los Jardines.




En su camino de regreso, recorrió zonas del centro, como La Mina o la feligresía de San Sebastián, con presentación ante la capilla de la Hermandad de la Vera-Cruz, antes de regresar al templo de la corporación de la Madrugá. Sonaba Jesús de la Sentencia, cuando el Señor de Montequinto hacía su entrada en la calle Real Utrera.
Para la corporación de Montequinto, este acto demuestra que «la hermandad está viva, en crecimiento y que ha mostrado a su pueblo de Dos Hermanas al Cristo de los brazos abiertos, al ultimo que vio nacer pero que va conquistando a pasos agigantados el corazón de muchos de los nazarenos»




























