Dormía —descansaba— en el cajón
de aquel enorme armario de la abuela;
al lado del bastón —la triste estela
de una vida apartada en un rincón.
Sabía su valor, su condición
de haber sido soñada, mas su esquela
la pasó de ser rubia damisela,
a moneda casi sin circulación.
Sin embargo, hace poco, la peseta,
en aras de un destello comercial
se ha vuelto a incentivar con sutileza.
Mas la crisis no ha entrado a la muleta:
la cosa del vender va mal —muy mal—
consiguiendo vencernos de pereza.
A todos los empresarios que,
con estas y otras muchas ideas,
tratan de solucionar esta difícil situación.



























