La Historia de nuestra ciudad está cargada, ciertamente, de personas muy llamativas, muchas de las los cuales han acabado en el más absoluto de los olvidos. Pero que hoy no sean de dominio público no quiere decir que en su momento no ejercieran un papel destacado o relevante en la vida pública nazarena. La lista de personajes más o menos influyentes es bastante larga, y en esta primera parte de esta nueva temporada de “Memoria DH” abordaremos la biografía de varios de ellos. Así, en esta ocasión vamos a traer, brevemente, la vida de un escribano público que causó cierto revuelo en el pueblo debido a sus actuaciones un tanto “complicadas”. Se trata de Luis Cornejo.
Nació en la vecina villa de Alcalá de Guadaíra en los últimos años del siglo XVI o primeros de la siguiente centuria, y allí contraería matrimonio, de cuya unión hubo al menos un hijo llamado Francisco Cornejo (1627-¿?). En 1637 recala en nuestra localidad para hacerse cargo de manera interina de su escribanía pública, pues parece ser que su titular, Juan de Arquellada, tenía serios problemas de salud y no podía atenderla. Al frente de la escribanía pública estaría hasta 1644, tocándole vivir la compra de la jurisdicción y oficios de Dos-Hermanas por parte del capitán don Pedro de Pedrosa, con los problemas que acarrearía para la escribanía pública nazarena tal acontecimiento.
En cualquier caso, en los años que permaneció en Dos-Hermanas causó polémica. Así, por ejemplo, en el juicio de residencia que se hizo en 1644 a todos los componentes del concejo de la villa, entre ellos Cornejo (además de escribano público también lo era del concejo), el testigo Domingo Merino manifestó que Luis Cornejo había estado en la cárcel cinco o cuatro días por estar ausente de esta villa, que despachaba mal los asuntos «ezeto con sus conpadres y amigos y esto es notorio» (tráfico de influencias al fin y al cabo) y que no respetaba el arancel real, por lo que cobraba la cantidad que a él le parecía mejor. Por su parte, Francisco de Plana, portero del concejo, dijo que Luis Cornejo desde hacía año y medio metía en los cabildos a Luis Sarmiento, oficial de su escribanía, «para que escribiese lo que hacía», con el beneplácito de los capitulares, algo que no estaba permitido, pues sólo el escribano titular podía levantar acta de las reuniones del cabildo.
Por si todo esto no era suficiente, el testigo Francisco Rotal declaró que Cornejo estaba amancebado con cierta mujer, lo que causaba evidente escándalo en la villa. En esa fecha, Cornejo estaba ya viudo y, lejos de volverse a casar, decidió vivir con su pareja sin pasar antes por la vicaría. Debemos recordar en este punto que el convivir sin estar casado (lo que se conocía como amancebamiento) no estaba bien visto ni por la sociedad ni mucho menos por la Iglesia. Es más, era algo perseguido no sólo por esa institución, sino también por la Justicia Real. Asimismo, siguiendo el testimonio de Merino, Rotal afirmó que Cornejo favorecía de manera ostentosa a los ricos y poderosos de la población, recibiendo a cambio dinero y regalos, y que llevaba demasiados derechos por las escrituras públicas, no respetando, de este modo, el arancel real.
Por último, Jacinto Mateos, que también había sido oficial en la escribanía de Cornejo, y por tanto, conocía bien su proceder, declaró que vio «en munchas ocaçiones tomar las escripturas que otorgauan las partes en membrete y después de muchos días llenarlos y haçer que las partes que sauían firmar las firmasen en blanco». También apunta que cobraba excesivos derechos: «lo saue por la notiçia que dello tiene y auer asistido en su ofiçio y auer leýdo el aranzel real y auer visto los derechos que le an dado y ser muy desoruitantes para en razón de lo que dize el dicho aranzel y deue lleuar». Por desgracia, no conocemos las sentencias de ese juicio de residencia, con lo cual, ignoramos si tuvo castigo por ese comportamiento.
En ese mismo año de 1644, tuvo problemas con Juan Antonio de Oliver, corregidor y alcalde mayor de Dos-Hermanas. Sobre este particular nos remitimos al artículo que escribimos en esta sección bajo el título “A la muerte de una Reina” (18-XII-2019).
Y no fue Oliver el único que tuvo problemas con Cornejo. Existieron, asimismo, serios desencuentros con don Pedro de Pedrosa, personaje de fuerte carácter y nula paciencia, que lo terminaría apartando del oficio de escribano de Dos Hermanas en 1644, provocando la protesta airada de Cornejo.
Ante esa situación, nuestro personaje volvió a su villa natal, Alcalá de Guadaíra, poniéndose al frente de una de sus escribanías públicas entre 1645 y 1650, y ocupando, al mismo tiempo, la escribanía del cabildo de esa población sevillana. Con él, marcharía el antes mencionado Luis Sarmiento “el Mozo”, que sería oficial mayor de la escribanía de Cornejo, pero terminaría volviendo a Dos-Hermanas en la década de 1660.
Curiosamente, poco después de su marcha, el 26 de julio de 1646, Pedrosa, tras una fuerte discusión con Juan de Arquellada, reconsideró aquella destitución de Cornejo y lo volvió a nombrar escribano público de Dos-Hermanas, durando muy poco dicho nombramiento, pues fue revocado el 28 de noviembre de ese mismo año. No obstante, en esos meses Cornejo no despachó ningún asunto en nuestra localidad.
A partir de 1650, perdemos la pista a este curioso personaje, que debió fallecer en Alcalá de Guadaíra en torno a 1651.





























