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Si existe una hermandad con un arraigo devocional inquebrantable en Dos Hermanas, esa es, sin duda, la de la Amargura. Una devoción humilde, de gente de barrio —especialmente de la zona sur—, que mantiene vivo el espíritu de aquellos toneleros que impulsaron su fundación en 1952. A las puertas de su 75 aniversario fundacional, la cofradía realizó su estación de penitencia este Viernes Santo, el segundo consecutivo sin la amenaza de la lluvia que sí la obligó a refugiarse en el templo en 2024.

El inicio del rito en la Costa del Sol

A las seis de la tarde, las puertas de la Capilla de la Amargura —sede de la corporación desde 1980— se abrieron para dar paso a los primeros nazarenos. Con túnica blanca y antifaz negro, presididos por la Cruz de Santiago en el pecho, los hermanos comenzaron a inundar la plaza que lleva el nombre de la Virgen en esta barriada de la Costa del Sol.

La Amargura, junto al Santo Entierro, es de las pocas hermandades que incorpora al cortejo figuras alegóricas: las Virtudes Teologales (Fe, Esperanza y Caridad) y la Santa Mujer Verónica, que porta el paño con el rostro de Cristo. Además, un nutrido grupo de mujeres de mantilla precedió al paso, repitiendo la estampa clásica que ya se vivió la jornada anterior en la feligresía del Amparo con la Sagrada Cena. Cerraba el tramo de los más de 500 nazarenos el relicario con las reliquias de Santa Ángela de la Cruz y la Beata Madre María de la Purísima.

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Estrenos y detalles para la historia

La cofradía ponía su Cruz de Guía en la calle con importantes novedades patrimoniales. En este 2026, el paso de misterio estrenaba parihuela, ejecutada por la Carpintería Religiosa Enrique Gonzálvez, así como unos nuevos faldones de terciopelo combinados con damasco granada y galón dorado, obra de Enrique Rodríguez.

Bajo las órdenes de los capataces Luis Alfonso Benítez Lobo y Miguel Ángel Gómez Candela, el misterio asomó a la plaza bajo un sol radiante. Los sones de la Agrupación Musical Ntra. Sra. de la Estrella marcaron el compás, siendo, como cada año, el binomio musical imprescindible de este Viernes Santo nazareno.

Sobre el monte de claveles rojos destacaba, como es tradición desde el año 2000, una rosa blanca bajo la mano de Nuestro Padre Jesús Descendido. Este detalle, que evoca al misterio de Santa Marta de Sevilla, se coloca en memoria de Cristina Benítez Lobo, fallecida a los 11 años. Asimismo, destacó el estreno de una estructura dorada de Orfebrería San Juan para reposar las escaleras, que hasta ahora se apoyaban directamente sobre el exorno floral. Bajo la cruz, se conmemoró el 25 aniversario de la bendición de la pequeña imagen de Santa Ángela de la Cruz que procesiona en el paso.

Un barrio volcado y un centro expectante

Debido a las altas temperaturas de esta Semana Santa, el público buscó refugio en las sombras para presenciar el discurrir de la cofradía. Los vecinos, con fachadas engalanadas y sillas a pie de calle, protagonizaron momentos de gran emoción. Hay llamadas al paso con dedicatorias especiales para tal o cual devota que está pasando por un momento complicado de salud y muchas caras de felicidad de poder ver un año más a los titulares de Amargura por sus calles.

Tras presentarse ante la Parroquia del Divino Salvador como despedida de su barrio y pasar por la emblemática Esquina de Pepe, la cofradía se dirigió hacia la Carrera Oficial. Como nota distintiva, la Amargura es la única hermandad que accede a la Plaza de la Constitución por la calle Santa Ana para realizar su presentación ante el palquillo del Consejo. Previamente, se produjo el simbólico encuentro con el Gran Poder, tras su triunfal regreso en la Madrugá.

En un gesto de compromiso social, el paso de la cofradía por la calle La Mina se realizó en silencio, en atención a las personas con TEA e hipersensibilidad sensorial.

El epílogo de la jornada

La estación de penitencia encaró sus últimas horas ya en la oscuridad de la noche, con la preceptiva parada en la Capilla de San Sebastián, donde la Hermandad de la Vera-Cruz aguardaba para saludar a la cofradía a la que tantas veces le ha dado cobijo ante las inclemencias del tiempo. El broche final lo puso, de nuevo, el barrio de la Costa del Sol, que recibió a sus titulares entre el cansancio y la gloria para arroparlos en sus últimos metros antes de entrar en el templo.

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