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El Jueves Santo en Dos Hermanas volvió a vestirse de gala con la estación de penitencia de la Hermandad de la Sagrada Cena. Bajo un sol de justicia que obligó al público congregado en los aleñados de la Parroquia del Amparo a buscar el resguardo de las sombras, la cofradía puso su cruz de guía en la calle a las cuatro y media de la tarde, iniciando un recorrido marcado por novedades, curiosidades y estrenos.

El cortejo, compuesto por más de 200 nazarenos con túnicas de sarga marfil y antifaces de terciopelo burdeos, incluyó un año más el tradicional tramo de mujeres de mantilla, una de las estampas más características y solemnes de esta jornada de la Semana Mayor.

Un misterio con cambios históricos

El Señor de la Sagrada Cena, obra de Miguel Bejarano, ofreció una imagen inédita al portar el cáliz con ambas manos, alejándose de su iconografía habitual de bendición. El imponente paso de misterio, de estilo barroco sevillano y exornado con flores rojas, lucía las cuatro maniguetas recientemente barnizadas por José Manuel González Amador.

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A los mandos de José María Muñoz Gómez ‘Matute’, el misterio avanzó con los sones de la Agrupación Musical Ntra. Sra. de Valme, que estrenó tras el himno la marcha La Eucaristía, de Cristopher Jiménez Cabeza. El autor hizo entrega de las partituras a la corporación momentos antes de la salida, en presencia del alcalde de la ciudad, Paco Rodríguez.

La nueva apuesta musical de Jesús Humillado

La gran novedad de la tarde llegó con el paso de Jesús Humillado. Por primera vez, el cristo sedente de Bejarano procesionó acompañado por una banda de música en lugar del habitual trío de capilla. La Filarmónica Ciudad de Bollullos aportó un elegante matiz clásico al caminar del Señor, que este año recuperó sobre su monte el cáliz de la Pasión, un detalle simbólico que no se veía desde 2002 y que conmemora el 30º aniversario de la talla. El paso, dirigido por José Manuel Pedrera Colorado, lució un cuidado exorno en tonos morados.

Amparo y Esperanza: elegancia y orfebrería

Nuestra Madre y Señora del Amparo y Esperanza cerraba el cortejo con una prestancia renovada. El palio estrenaba unos respiraderos de metal plateado y dorado, obra de Manuel Seco Velasco (1975), cedidos para la ocasión por la Hermandad de la Fundición de Sevilla. Además, los doce varales lucieron restaurados por el taller de Juan Lozano tras una donación de los hermanos.

Bajo el mando de Samuel Peregrina Pérez, el palio avanzó a los sones de la Banda de Música Ciudad de Dos Hermanas, que interpretó las marchas Espíritu Santo y XXV Años de Amparo tras la salida del templo.

Momentos para el recuerdo y regreso histórico

Entre los puntos álgidos de la estación de penitencia destacó el paso por los Cuatro Cantillos antes de la Carrera Oficial, donde la Virgen recibió una calurosa petalada de su grupo joven al son de Costaleros de la Virgen del Amparo. Igualmente emotiva fue la presentación ante la Hermandad de la Oración en el Huerto, madrina de la corporación.

Como broche de oro a una jornada impecable, la cofradía recuperó tras una década su itinerario histórico de regreso por la calle Francesa en su totalidad, permitiendo disfrutar de la hermandad en un entorno más íntimo antes de la recogida. Con los sones de Siempre la Esperanza, Rocío y Encarnación Coronada, el palio de la Virgen del Amparo entró en su casa hermandad, despidiendo un Jueves Santo que ya forma parte de la memoria cofrade de Dos Hermanas.

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