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El pasado jueves, día 27 de noviembre, Charo Jurado Hernández cerró por jubilación su etapa como enfermera de familia en el Centro de Salud de Doña Mercedes, donde ha ejercido en los últimos 39 años. Esta trianera afincada en Dos Hermanas tenía claro desde niña que lo suyo era la enfermería. Después de su paso por varios ambulatorios y tras varios años en el ámbito de la gestión sanitaria, adecuando centros de salud, con 24 años consigue plaza por oposición en el centro de nueva construcción de Doña Mercedes, de donde no se ha movido desde que abrió sus puertas el día 1 de diciembre de 1986.

“Me siento querida y respetada, nunca he tenido problemas con la población a la que he atendido”

¿Cómo recuerda su llegada al Centro de Salud de Doña Mercedes?
Pues muy feliz, ya tenía mi plaza en propiedad, estaba al lado de mi casa y llegaba andando en ocho minutos. Era la más joven del centro y me adjudicaron el cupo más distante, toda la población que estaba al otro lado de la autovía N-IV, por lo que me recorría cada día desde la barriada de Las Portadas hasta casi cerca de Coria del Río.

¿De qué se queda de aquella época, de esos inicios en Dos Hermanas?
Con la gente buena que conocí, era muy joven y me arroparon mucho. Con decirte que me prepararon la canastilla completa cuando nació mi hija. Durante 18 años fui la enfermera en exclusiva de la barriada de Las Portadas y quiero agradecer ahora que estoy a las puertas de la jubilación todo el cariño que recibí.

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¿Tuvo claro desde siempre que lo suyo era el mundo de la enfermería?
Toda mi vida he tenido claro que lo mío era la enfermería. Cuando niña, jugaba a acostar a las muñecas en cajas de zapatos y les ponía una vía con suero de lana, esparadrapo y plastilina. Es algo vocacional, ya que nunca me ha gustado la medicina, lo que yo quería era ser enfermera.

¿Qué le llevó a ponerse al frente del Centro de salud de Doña Mercedes?
Me lo propuso un directivo del distrito sanitario y lo vi como una oportunidad de intentar mejorar lo que pudiera y me dejaran en el centro, como todas mis compañeras antecesoras. Estuve seis años como directora y durante ese periodo modificamos la organización de los horarios, aumentó la plantilla, hicimos algunas obras de remodelación… y aumentó la satisfacción de los usuarios. Fuimos centro referente en la implantación de diferentes programas sanitarios, ya que yo decía a todo que sí. Solo quería beneficiar a la población y mejorar su calidad de vida.

La formación ha formado parte de sus labores como enfermera en los últimos años. ¿En qué ha consistido esa faceta?
He impartido muchos cursos como docente a través del Servicio Andaluz de Salud y siempre me ha gustado hacer cosas diferentes, como uno que impartí sobre disfunciones familiares, basándome en los cuentos infantiles. Además, a la tercera oportunidad, logré entrar en la Facultad de Enfermería como docente en el Hospital de Valme donde impartía asignaturas de Enfermería Familiar y comunitaria y Salud Mental, además de coordinar los Trabajos de Fin de Grado y las prácticas de los estudiantes. He estado 15 años como profesora y me quedo con las ganas de aprender que tienen los alumnos, son como esponjas, mis clases siempre han sido eminentemente prácticas y he incluido continuamente mi experiencia como enfermera.

En Dos Hermanas, durante varios años, fue pieza clave en programas de educación para la salud sobre la menopausia, realizando charlas por las asociaciones vecinales. ¿Cómo surgió y qué recuerda de esa labor que hizo?
Siempre me ha gustado transmitir mis avances y mis conocimientos, creo que son para eso, para compartirlos y, a través del Consejo Andaluz de Enfermería, presenté un estudio sobre los cambios en la sexualidad de la mujer durante el climaterio, para el que precisaba de mujeres que estuvieran atravesando esa etapa. A partir de ahí, comencé a impartir charlas en la Asociación de Fibromialgia Nazarena, Afina, y el por entonces concejal de Participación Ciudadana y Salud, Raúl Gil, me propuso poner en marcha unos ciclos de Educación para la Salud por las asociaciones de vecinos, igual que las venía realizando en Doña Mercedes. Estuve dos años desplazándome por toda la ciudad hablando de un tema que siempre me apasionaba, mi madre tuvo una menopausia muy complicada y siempre me ha preocupado.

Toda esta labor ha sido fruto de una ardua investigación que ha sido premiada en ocasiones. ¿Qué premios atesora en su labor como investigadora?
He obtenido el premio nacional Ciudad de Sevilla del Colegio de Enfermería por el estudio Influencias medioambientales en las patologías alérgicas, realizado en Las Portadas; el premio-beca autonómico del Consejo Andaluz de Enfermería (CAE) por el estudio Amé, amo y amaré. Sexualidad en la menopausia; una beca FIS de la Junta de Andalucía para una investigación en artrosis de rodilla con acupuntura, así como tres premios nacionales casi consecutivos a la mejor comunicación oral en Congresos de Enfermería Urológica por estudios sobre infecciones urinarias en el climaterio, cambios sexuales en el varón en la edad adulta y sobre las esferas de silicona (bolas chinas) aplicadas a la incontinencia urinaria.

Para llevar todo esto adelante, ¿ha contado con algún apoyo?
Nada de lo que he hecho hubiera sido posible sin el apoyo de mi marido, José Ángel González, enfermero del Hospital de Valme en el área de Urología. Él me ha apoyado en todas las investigaciones y programas que he llevado a cabo durante mi trayectoria.

¿Qué la ha definido en todos estos años como enfermera de familia?
Creo que he sido generosa con mis compañeros y con los pacientes. Siempre que he podido, nunca he dicho que no a nadie. Y he cumplido con el cometido y la esencia de la Enfermería familiar: cuidar al niño, al adolescente, a los adultos, a los ancianos y hasta el último día de sus vidas.

Una vez terminado su último día de trabajo y comenzando ya su nueva vida como jubilada, ¿qué va a echar de menos?
Después de mi último día de trabajo, lo voy a echar de menos todo, ya que ha sido toda una vida de dedicación a la enfermería en el Centro de Salud de Doña Mercedes. Pero, si tuviera que decir algo sería el poder sentirme útil, echaré de menos a los pacientes y a los compañeros de trabajo, entrañables. Todos quedarán en mis recuerdos.

¿Le gustaría decirles algo a todas estas personas?
Mi agradecimiento eterno a todas las personas que me han tratado con respeto y cariño. Me siento querida y respetada, nunca tuve problemas con la población a la que he atendido todos estos años y eso reconforta.

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