Historiadores y arqueólogos de toda Europa acuden estos días a Antequera (Málaga) para contemplar y documentarse in situ sobre la impresionante cripta megalítica recién descubierta y también para conocer en persona a los dos abnegados hombres que, con un espíritu de lucha digno de encomio, han sacado a la luz este descubrimiento histórico que se remonta a 4.000 años antes de Cristo. Se trata de los nazarenos Antonio y José Viera Fuentes. Hoy Dos Hermanas puede sentirse orgullosa de estos dos paisanos cuyo nombre, sin duda, va a pasar a la historia de España.
Antonio es fontanero y José, jardinero. Pero con muchas inquietudes ambos. Y con querencia por la investigación. Desde hace algún tiempo, José es el designado por el ayuntamiento para la limpieza y cuidado del dolmen de Menga, conocido hace siglos. Desde hace varios meses, a José le obsesionaba una idea, de la que hizo partícipe a su hermano: ¿Y si, como aseguran los viejos del lugar, existiesen en Antequera otras grutas parecidas? ¿Y si las tenían en sus propias narices y sólo hiciera faltar cavar un poco para encontrarlas? Es cierto que otros lo habían intentado. Sin éxito.
No muy lejos de Menga se alzaba un cerro o túmulo de 50 metros de diámetro. Una dosis de intuición les decía que allí podía esconderse un sepulcro megalítico. Otra dosis de obsesión los llevó a invadir el cerro con una zanja que llegó a alcanzar una profundidad de 8 metros. Tras un mes de cavar y cavar, no encontraron nada y, además, se habían dejado en los trabajos unos miles de reales: todos sus ahorros. Creíanse defraudados y arruinados. Nada más podían hacer. Pensaban cesar las excavaciones cuando, tras un último intento (entre sus virtudes se encuentra la perseverancia), sus palas impactaron con una gran piedra, la primera del gran sepulcro (con cámara cuadrada y 21 metros de corredor) que ya conoce la comunidad científica internacional y que ahora intenta datar e interpretar.
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Los propios hermanos Viera la han llamado Cueva Chica, en contraposición a la de Menga, de mayores dimensiones; pero el profesor Manuel Gómez Moreno, en el último boletín de la Real Academia de la Historia, ya ha abogado por que lleve el nombre de los de Dos Hermanas: “… bien merece ser designado por su nombre, y Cueva de Viera la llamaremos”, ha escrito. Y así será.
Ahora los Viera ‘amenazan’ con comenzar otra perforación: tienen la intuición (¡y la última fue muy acertada…!) de que puede haber otro dolmen bajo un túmulo cercano llamado Cerrillo Blanco. Mientras tanto, han sido propuestos al gobierno por la Academia de San Fernando para una mención honorífica. Felicidades a Antonio y a José.
{xtypo_rounded4}Dos hermanos, de Dos Hermanas
Los hermanos Viera llegaron a Antequera en la última década del siglo XIX. José, de oficio jardinero, fue nombrado jardinero municipal del Ayuntamiento el 1 de enero de 1895. Posteriormente, se convirtió en el encargado del cuidado del dolmen de Menga, hasta ahora el único conocido en los alrededores. Su hermano Antonio es de oficio fontanero. Ambos trabajan en el mantenimiento de las fuentes y jardines de la finca El Romeral, propiedad de Francisco Romero, cercana a la famosa Peña de los Enamorados de Antequera.{/xtypo_rounded4}
Orientado al amanecer
Al dolmen descubierto se le calculan 6.000 años de antigüedad. Su construcción está atribuida al pueblo celta y apunta a ser un lugar de enterramiento. Posee una cámara cuadrada de 2 m. de altura y un corredor de 21. De carácter funerario, el sepulcro está orientado al amanecer en los equinoccios de primavera y otoño, de modo que la luz entra sola esos días hasta el fondo de la cámara.





























