Todavía se le saltan las lágrimas cuando ve de lejos un circo. En uno de ellos nació y creció, y dentro de un circo cosechó durante treinta años los apasionados aplausos de niños y mayores. Su nombre es Fredesbunda Alcaraz Baena. Artísticamente, ‘Frede’. Los carteles la anunciaban como “la inestabilidad deslumbrante”. También como “el rulo inquieto”, pues sobre un rulo y una tabla parecía flotar en las alturas. Realizó, además, números de trapecista y equilibrista.
Pero su mayor habilidad eran los ‘flin-flanes’, figura consistente en dar vueltas mortales, como una rueda y sin parar, atravesando la lona. En la Monumental de Barcelona hizo 30 seguidos hasta que se quedó sin albero, y por ello está catalogada como la primera flinflanista de España. Hoy, a sus 64 años, ya retirada del espectáculo, se ha establecido con su marido en Dos Hermanas, en cuya Plaza del Arenal recuerda que actuó al menos dos veces, en los años 50.
“Vente conmigo al circo, Ramón”
Mujer menuda, de carácter apacible pero inflexible, fue capaz de darle la vuelta a su noviazgo y a su vida. Su novio, Ramón Díaz, que trabajaba de montador de cabinas en Hispano Aviación, le propuso que dejara el circo, donde Frede nació (en Barbate, y de casualidad) un 14 de enero de 1922 (su padre era Curro ‘el forzudo’; su madre, la trapecista Fernanda). Pero ella se plantó y le dijo a su novio que no, que dejara él los aviones y se fuera con ella al circo. Y lo hizo. Se convirtieron en ‘Norman y Fred’. Ensayaron bien su número. A la pista, él salía de frac; ella, de blanco, aparecía de pie sobre uno de los brazos de él. Sobre un rulo y una tabla desafiaban las leyes de la gravedad y la elasticidad, levantando al público de sus sillas.
Recorrieron España y Portugal en numerosos circos. Primero, entre 1946 (recién casados) y 1949, en el Circo Americano. Después se lanzaron y montaron el suyo propio: el Circo Mundial y por último el Circo Italia. No había espectáculo más completo, con saltadores de prestigio, payasos, leones, elefantes y hasta focas (“una se murió de calor en una jaula recalentada”, recuerda Frede). La caravana recorrió durante años la península (además de Tánger y Melilla), anunciando su espectáculo con pasacalles y orquesta, y con un anecdotario que daría para escribir un libro. Una vez, le prohibieron entrar en una sala de fiestas diciéndole que era menor de edad. “¡Pero si soy la artista!”, les gritó. En Paradas, durante la guerra, cuando viajaba en el circo con sus padres, aporrearon la puerta gritando que “los feriantes eran unos rojos”. Se llevaron a unos compañeros para fusilarlos, aunque finalmente se resolvió la confusión. En San Sebastián, una galerna sopló tan fuerte que se llevó el circo por delante. Pero lo reconstruyeron. Fue en Los Yébenes (Toledo) donde otro vendaval lo destruyó por completo.
Pero no fue esa la causa que motivó su retirada. En 1964, estando embarazada de siete meses, se cayó en pleno espectáculo. Era la primera vez que se caía en toda su carrera. Se desvió las costillas. Tras la convalecencia regresó. Tuvo aquel bebé (el tercero y último) y entonces decidieron dejarlo. Pero decir Frede es decir circo. Todavía hoy es capaz de dejarnos boquiabiertos haciéndonos ¡varios flinflanes! Desde aquí le damos a ella y su marido la bienvenida a Dos Hermanas.
{xtypo_rounded4}Se cayó embarazada Una sola vez en toda su carrera se cayó Frede del rulo, y fue estando embarazada de siete meses. Un médico salió del público, la atendió de una luxación costal y a los pocos días volvió al espectáculo, restablecida. A la izquierda, el Circo Italia, propiedad del matrimonio, en Murcia. También estuvo instalado en Dos Hermanas.
Muertos en las cunetas Muchas han sido las anécdotas que Frede ha vivido desde que nació entre las lonas de un circo en 1922. Algunas divertidas, otras siniestras. En 1936, en la compañía de los artistas de la foto (‘Los Frediani’, saltadores acróbatas), el estallido de la guerra les cogió actuando en Paradas. Se llevaron a varios compañeros del circo acusados de “rojos”, aunque sólo fue una confusión. Al día siguiente vieron cadáveres en las cunetas.{/xtypo_rounded4}
Contra la ley de la gravedad
A pesar de que Ramón (que en un juego de palabras se convertía en ‘Norman’) no era artista, cuando Frede le propuso entrar en el circo, no se lo pensó y desarrolló unas extraordinarias facultades circenses. Era él quien, apoyado sobre una tabla y esta, a su vez, sobre un rulo situado en altura, soportaba el peso de Frede, que sobre sus hombros realizaba contorsiones imposibles. En la foto de la derecha, son ambos los que desafían a la gravedad, en una instantánea del número El libro mágico, en el Circo Americano instalado en Lisboa (1947). A la izquierda, Fredesbunda con uno de sus uniformes de equilibrista.





























