Buen duelo teatral entre Mª Luisa Merlo y Miriam Díaz-Aroca en 100m2
Cabría distinguir entre las comedias cuyo su único cometido es hacer reír al público y aquellas que, mientras ríe, el público va procesando los mensajes que se le van trasmitiendo.100 m2, la comedia de Juan Carlos Rubio que el pasado sábado se llevó a escena con doble sesión y el cartel de localidades agotadas en el teatro municipal, podría encajar a la perfección en esta segunda categoría.
Ahora, siempre ahora o nada es lo que parece en esta vida son algunas de las moralejas que se pueden extraer de esta obra. Un tratado sobre la condición humana y sus relaciones con otros seres humanos en una sociedad de la comunicación en la que todos nos sentimos en mayor o menor medida solos. Pero Rubio lo hace desde la naturalidad y la espontaneidad de la comedia, con una forma de hacer teatro sencilla y desnuda de todo artificio, en la que las únicas protagonistas son las interpretaciones de su elenco artístico.
Sobre un escenario prácticamente desnudo, solo ocupado por una mesa y tres sillas, María Luisa Merlo y Miriam Díaz-Aroca interpretan a Lola y Sara, respectivamente, en un claro ejercicio de teatro puro y duro. Una señora mayor a la que la muerte le persigue y una chica que sabe y demuestra que se encuentra en su plenitud personal. Dos formas diferentes de vivir o ver la vida que se cruzan y mezclan en un piso de 100 metros .
Durante hora y media, Merlo y Díaz-Aroca se retan en una sucesión de enfrentamientos dialécticos en los que todo lo que se dice tiene un por qué. Por una parte, Miriam demuestra un cariz dramático bastante creíble, patente en la evolución o el desinflamiento de su personaje, que pasa de la soberbia inicial a la ternura de los últimos momentos. Mientras que María Luisa sale y se come el escenario con una naturalidad escénica pasmosa, poniendo la nota cómica a la seriedad de su alter ego. Un personaje, entrañable y que conecta con el público desde el primer momento.
{xtypo_code}Ejercicio de equilibrismo
Con 100m2, la risa y la emoción van de la mano, pasando del drama a la comedia en un segundo. Un difícil ejercicio de equilibrismo escénico que no siempre sale bien, ya que el momento cantautor de Miguel Vigilse lo podrían haber evitado.{/xtypo_code}



























