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    Sin Reyes Magos

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    Su imagen era un suspiro.
    Apenas se sustentaba
    sobre sus piernas enclenques,
    su pobreza y su mirada…
    Ni reía, ni hacía muecas,
    ni corría, ni saltaba,
    ni siquiera estremecía
    sus manitas empedradas
    por el viento del desierto
    que con ira golpeaba
    al pequeño refugiado
    junto a la cuneta blanca.

    “El camión de las judías”
    —que es así como llamaban
    al exiguo cargamento
    de la ayuda humanitaria—
    ronroneaba al socaire
    de los niños, de las cabras,
    de los viejos, las mujeres,
    algún tullido sin habla
    y el hedor omnipresente
    seco y triste de la parca…

    Rondaba ya el seis de enero,
    pero nadie lo pensaba;
    nadie entendió al calendario
    que entre números gritaba
    aquella fecha feliz
    de regalos, cabalgatas,
    caramelos, ilusiones,
    y la noche insomnizada
    por los nervios con que viste
    la ilusión a las infancias.

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    Rondaba ya el seis de enero
    pero a pocos le importaba.
    Seis de enero, ¡seis de enero!
    y los reyes no llegaban
    a pasar por las planicies
    terrosas de Mauritania.
    Y es que a los tres Reyes Magos
    —sembradores de esperanzas—
    los han ido a secuestrar
    inclinando la balanza
    hacia el lado de los odios,
    que es la hambruna disfrazada…

     

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