Numeroso público acompañó a Valme que lucía recuperada una imagen clásica de hace tres décadas
La Romería de Valme siempre ha sido y será del pueblo y para el pueblo. Y por ello, es el pueblo el que siempre marca la pauta. A pesar de que la Hermandad había anunciado sus pretensiones de que el cortejo ganase en vistosidad acercando el cuerpo de caballistas a la carreta de la Virgen, la gran cantidad de público, que se agolpaba en las inmediaciones de la Parroquia de Santa María Magdalena para acompañar a la Protectora hasta la ermita de Cuarto, arropó como cada año la carreta de la Virgen en una bulla humana que no la abandonaría hasta la salida de la ciudad.
Y es que como dijo el pregonero de Valme 2009, Rafael López Márquez, el tiempo pasa pero la Virgen siempre estará ahí. Y así anclada en el tiempo y con una imagen muy clásica se presento Valme ante los nazarenos, luciendo su manto por antonomasia, el de los castillos y leones, y sentada sobre una jamuga, de madera y oro, que utilizó en las romerías de 1953 a 1972.
En su trono floral amarillo y con un apabullante olor a nardos, la carreta comenzó su andadura, intentando hacerse paso entre la multitud que la precedía y que relentizó en más de una ocasión el discurrir del cortejo oficial.
{xtypo_rounded_left4}200
mil personas han acudido a la Romería según los datos oficiales.{/xtypo_rounded_left4}
Especialmente emotivo, como ya viene siendo habitual, fue su paso por la calle Botica, donde el coro de Valme le regala una ofrenda floral y sus sevillanas a la Protectora de la ciudad. Fue en esta calle donde se congregó un mayor número de público, conformando en torno a la Virgen una auténtica bulla humana. Así como la despedida de la ciudad, en la avenida de La Libertad, donde la banda municipal interpreta los himnos de Andalucía y España, se canta la Salve y un improvisado romero, por segundo año consecutivo, le regaló a la Señora dos aplaudidos y alabados fandangos localistas y muy devocionales.
La Virgen se despedía de la Ciudad en una jornada en la que el sol, que tras el relente de la amanecida, comenzaba a apuntar maneras y a anunciar que iba a hacer un día de altas temperaturas.
{xtypo_rounded2}Incidente en una carreta
La salida del cortejo sufrió un leve retraso por el incidente acontecido a la carreta número 16. En su traslado desde las dependencias del Ave María a la plaza de La Constitución, a su paso por la calle Manuel de Falla, los bueyes se pusieron nervioso, provocado que la carreta chocase con un balcón y perdiese el techo. Los carreteros se volcaron para ayudar en la recolocación del techo para poder proseguir su camino, además de cambiar la pareja de bueyes por una de refresco.{/xtypo_rounded2}



























