Si algo caracterizó el pregón que pronunció el pasado domingo Jesús González Suárez tras la Función Principal de la Hermandad del Rocío fue la emotividad, su carga de fe y su remembranza de las romerías del pasado.
Jesús, tras ser presentado por su padre y principal mentor en esta devoción, convirtió su texto en una peregrinación improvisada, desde la imaginación, desde la parroquia, en la que los versos se convirtieron en senderos por los que discurrió su disertación. Y es que el pregonero optó por un pregón en el que la lírica ganó el terreno a la prosa, partiendo de sus viviencias personales y exponiendo a los allí presentes su personal visión de la romería del Rocío.
Una romería en la que el pregonero no quiso hablar de multitudes ni de masas, rememorando un camino “más emotivo y verdadero, por lo sentimental de sus vivencias y lo intimista de sus momentos”. En este sentido, Jesús apostó por una romería en la que “sabiendo cuál es la esencia de la fe y el sentimiento, quítale lo que quieras”.
Una vez en la aldea, Jesús recordó sus encuentros con la Blanca Paloma a la que agradeció públicamente la familia que le ha dado. Para finalizar, el pregonero resumió el camino en un sólo nombre, que es el que le da el sentido: Rocío, Rocío, Rocío.



























