Después de tres meses y medio en España, ha llegado el momento de regresar. No puedo creer que el tiempo haya pasado tan rápido; siento como si el 2 de septiembre fuera ayer y acabara de bajar del avión en la puerta de llegada. No ha sido un cuatrimestre fácil. Fue una experiencia muy difícil, de verdad. Llegué aquí con la habilidad de entender mucho español, pero no podía hablar mucho. Tuve que mudarme dos veces por problemas muy raros con las familias con quienes estaba viviendo. Necesitaba acostumbrarme al estilo de vida y de clases tan distinto al de EE.UU. Pero después de todo ha sido una experiencia muy buena y sé que soy una persona más fuerte ahora.
En este momento, estoy sentada en el avión viajando en el segundo de los tres vuelos que necesito tomar para regresar a Chicago. Sobrevolamos el Océano Atlántico; salimos de Madrid hace cuatro horas y en cinco llegaremos a Boston. Allí tendré que correr a otra puerta para coger el último vuelo a Chicago e intentar de llegar antes de que empiece a nevar.
Sí, nevar. Ésta es una de las grandes diferencias a las que voy a necesitar acostumbrarme. Esta noche debe nevar más o menos 25 centímetros y esta semana la temperatura llegará a los -13 grados. Aunque Sevilla ha sufrido un frío inusual este otoño, claro, no se acerca ni por asomo al gélido frío de Chicago.
Pero más difícil que luchar contra el frío será hacer frente a los cambios que ya sé que voy a tener en mi vida diaria. Mi horario va a estar mucho más apretado, con clases en la universidad los martes y los jueves desde las nueve de la mañana hasta las nueve de la noche, un día entero de trabajo los lunes y los viernes, y medio día de clase y otro medio de trabajo los miércoles. Voy a necesitar también tiempo para mejorar mis posibilidades de encontrar un trabajo cuando me gradúe. Y con la caída de la economía, necesito trabajar aún más duro para hacerlo.
Vivir en Sevilla este otoño fue como un sueño. Fue como escapar y hacer frente a la realidad a la misma vez. Podía escapar de la realidad de mi vida en EE.UU. – de trabajar, trabajar y trabajar. Una realidad siempre con clases más difíciles, con un trabajo que requiere concentración, de estar siempre ocupada porque si no, no vas a adelantar a tu competencia y vas a parecer perezosa. La vida española me enseña que no es malo descansar de vez en cuando. No es siempre el trabajo lo que importa: la familia, los amigos y la cultura también son importantes. Conozco las calles, restaurantes y los lugares culturales de Sevilla mejor que los de Chicago, simplemente porque dediqué tiempo a conocerlos.
Cuando estos vuelos lleguen a su término y esté en Chicago de nuevo, voy a esforzarme en explorar los aspectos de Chicago que exploré de Sevilla. Voy a acordarme de tomar unos días de relax y dedicar tiempo a mi familia y mis amigos. Pero voy a continuar trabajando… así podré ganar bastante dinero para regresar a Sevilla un día y aprender algunas lecciones más.





























