No supieron frenar tu advenimiento,
no quisieron nombrarte por mesura
política y, en fintas de locura,
raquíticas palabras dieron lento
paso al gran fracaso: este tormento
que ya está resintiéndose de usura,
más tristes vencimientos, más basura,
más pérdidas, más pobre estancamiento.
Aún así, puta crisis, tus desmanes
apenas pueden ya contra mis planes
pues creo que te conozco, soy sincero.
Otra cosa es saber lo que me espera
después de coronar esta agorera,
maldita y pertinaz cuesta de enero…



























