Palabra por palabra se dijeron
a medias sus mentiras y verdades:
las unas eran pobres mezquindades;
las otras, el puñal con que se hirieron.
Ahora, que en dinero convirtieron
renuncias, escasez y adversidades;
ahora, dividieron en mitades
el son y el corazón que les unieron.
Después rompieron calma y comprensión
buscando en dos letrados sus salidas
asidas a un panfleto que pactaron.
Así se quiso hacer, sin dilación,
y al poco de medirse las heridas
firmaron y, sin más, se separaron.
Firmaron y, sin más, se separaron
tratando de cerrar alma y memoria
detrás de aquel papel que a aquella historia
le daba el carpetazo que pactaron.
Al tiempo se perdieron, se enzarzaron
en huir de la línea divisoria,
en tratar de encontrar la zanahoria
que les huyese más, y se encontraron…
Se encontraron secando la mirada
de un niño que no entiende las ausencias
de un padre condenado a estar volviendo…
y así sigue su vida: condenada
a destripar con tiempo sus querencias
y esencias que le harán seguir sufriendo…
A todos los padres separados, sus familias,
sus hijos y todo el amor roto…



























