El pregonero vive “la lejanía de la ermita pero en la cercanía del amor maternal de la Virgen”
Antonio Mora, el presentardor del pregonero del Rocío 2008, deseó en su intervención de ayer a Jerónimo García “cariño, recuerdo y aliento” en la difícil tarea de exaltar la romería del Rocío de este año. Y agradeciéndole a él, a José Luis Jurado, a su familia y a todos los que lo han acogido en Dos Hermanas y en la Hermandad del Rocío, comenzó su pregón Jernónimo García, que llegó a la ciudad cuando era un niño y que, poco a poco, se fue integrando en la vida nazarena.
Tanto, que le ha llegado el momento en el que el hermano mayor del Rocío le ha pedido que sea el pregonero, pidiéndoseloa “a alguien sin experiencia, que no dudará en ponerle ilusión, cariño y respeto, además del amor a la Señora, además de vivencias con las que los demás se sientan identificados”, añadió Jerónimo.
El primer Rocío
Jerónimo García, Momo para los más allegados, conoció el Rocío en el año 1971, casi recién llegado a Dos Hermanas, en una parada del camino de vuelta, en Coria, cuando “no sabía ni dónde estaba Coria”, y su amigo le dijo “¡Cómo se nota que eres de Cartagena!”, al comenzar a hacer preguntas acerca de todo lo que veía. A partir de ahí, y tras una visita a la Aldea en 1980, en la que prometió “te aseguro, Madre, que volveré”, hizo su primer camino en 1981.
El pregonero recordó entonces cómo fue ese camino, donde “todo era prestado: la ropa de corto y la jaca. Un animal que era el único medio de transporte que había para la ida y para la vuelta; con un calor tremendo y mucho cansancio, pero que mereció la pena”.
El Rocío desde la distancia
Jerónimo García contó en su pregón cómo vive un rociero desde la distancia, desde Madrid, lugar donde trabaja y reside habitualmente desde hace unos años. “Mi año rociero comienza el día 8 de diciembre, con la peregrinación a la ermita con motivo de la Inmaculada”, ha explicado. Y continúa “todos los días del año” y con su “labor cristiana” de dar a conocer a todo el mundo sus creencias, “aunque hoy en día no se lleve mucho”.
Prueba de ellos es la peregrinación que organizó hace tiempo con sus amigos de Madrid, quienes se quedaron “en silencio, con respeto y expectación, cuando presenciaron la misa en la ermita”.
Además, no se pierde ningún Rocío, aunque viva fuera: “El lunes ya estamos montando en el camión todo lo necesario y el martes, con los coches repletos, iniciamos la peregrinación hacia Dos Hermanas para estar el miércoles con la hermandad e iniciar la romería desde la parroquia de Santa María Magdalena”.
A partir de ahí, el camino descrito por Jerónimo García es el de un rociero entregado, que inicia “una conversación profunda” con la Virgen, reza por los que no han podido ir a la romería ese año, se despierta con el sonido de la flauta y el tamboril y disfruta de las noches, donde “hay un lucero que nos guía e ilumina a todos los rocieros, que rezamos antes de irnos a dormir ante el Simpecado, diciendo ‘Hasta mañana, Madre’, porque a esa hora ya sobran todas las palabras”.



























