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    El ritmo y colorido africano inundan el teatro municipal de la mano del coro Natumayini

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    natumayiniPor unas horas, el teatro se convirtió en un rincón de Uganda

    Un espectáculo sin precedentes en la ciudad. Así se podría calificar la actuación del coro Uganda Natumayini del pasado viernes. El colorido y el ritmo tribal del África subsahariana se trasladaron hasta el teatro municipal con las danzas y los cánticos del coro de Uganda.
    Sobre el escenario, unos timbales anunciaban el ritmo que inundaría minutos después todo el teatro. Cuando empezaron a sonar, los miembros del coro, chicos y chicas de entre 8 y 19 años, comenzaron a entrar dando saltos y haciendo sonar un tipo de cascabeles que llevaban atados a sus tobillos. Con movimientos rítmicos y frenéticos y la voz cautivadora y repetitiva de una de las chicas de fondo representaron la danza tradicional de la fiesta de la cosecha. Las chicas vestían unas faldas coloridas semejantes a flecos de paja, que se movían rítmicamente con sus caderas. Los movimientos de brazos y los saltos de los chicos transmitían la fuerza de las celebraciones tradicionales africanas.

    natumayiniTras los aplausos iniciales, respuesta asombrada del público, llegó el turno de otras danzas tradicionales relacionadas con la vida diaria de las distintas tribus de Uganda y Ruanda: la danza de la patata y la danza del cocodrilo. Levantándose poco a poco desde el suelo, como si de un amanecer se tratara, las chicas danzaban en círculo, moviendo los brazos y pisando con fuerza, creando así el ritmo que inundaba todo el teatro. Entraron los chicos del coro, y con las danzas y cantos en lugandés hacían entrar en trance a todo el público, que seguía espontáneamente con palmas la actuación. El idioma no supuso en ningún momento una barrera para transmitir la historia que estaban representando: la caza de un cocodrilo imaginario que interrumpía por sorpresa a los bailarines. Se produjo una conexión total con el público.

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    Última actuación
    La actuación en Dos Hermanas ha cerrado la última gira del coro Uganda Natumayini por España. Elisabeth, la responsable del proyecto Música para salvar vidas, dedicó unas palabras en un descanso de la actuación a presentar la organización y explicar cómo la formación del coro ha cambiado la vida de estos jóvenes africanos. Destacó el interés por aprender de los niños, una voluntad difícil de encontrar entre los niños europeos, y su facilidad para absober todo lo que se les enseña. No en balde, gracias al proyecto, los jóvenes podrán salir adelante  y continuar su formación. Alguno ya ha manifestado su intención de convertirse en cirujano, mientras otros, verdaderos apasionados de las matemáticas, se esfuerzan por enseñarlas a sus compañeros, haciendo juegos de números mientras están de gira o de regreso en Uganda.

    No sólo folclore
    Tras estas primeras danzas, los chicos demostraron que no sólo son buenos en las danzas tradicionales africanas, pues unieron sus magníficas voces forjadas con disciplina para cantar a coro, entre otros temas, un villancico tradicional de Nigeria y el Nkosi Sikelele, el himno de Sudáfrica. Esta es la parte del especáculo que más gusta; el patio de butacas enmudeció como nunca para escuchar las voces de los niños. Por este motivo Música para Salvar Vidas está pensando, entre otros proyectos, formar un quinteto de gospel con las mejores voces del coro.

    Sorpresa
    Tras el descanso, los chicos del coro entraron por el patio de butacas para saludar y sorprender al público, ataviados con unos trajes más llamativos si cabe, con gorros adornados por flecos como crines de caballo. Bajaron al escenario para bailar una danza de iniciación tradicional de las tribus de Ruanda. Los tambores y cascabeles marcaban el frenético son que hechizaba a todo el teatro alcanzando cada vez más intensidad.

    Una divertida danza de cortejo puso fin a la actuación, y los jóvenes se presentaron ellos mismos y a sus profesores con algunas palabras en español antes del bis y recibir la gran ovación final del público.

    natumayiniMúsica para salvar vidas

     Música para salvar vidas es la organización sin ánimo de lucro que Elisabeth Michot y su marido Fabian Jowers crearon en 2004 con el que se inició el proyecto del coro Uganda Natumayini. Elisabeth, que dirige la agencia de conciertos Art et Musique, quería traer un grupo de cánticos y danzas africanas a Europa y había oído hablar de una organización parecida, pero más centrada en cánticos evangélicos y con niños más pequeños. Tras viajar a un orfanato en Uganda, decidieron crear el coro, para ayudar al orfanato en que vivían los niños. El director del orfanato no utilizaba las ayudas que le enviaban en mejorarlo y para colmo, tras el regreso de los chicos del coro, los echó a la calle. Ante esta situación, Elisabeth y Fabian decidieron crear un orfanato propio en el que acoger a los chicos y garantizarles la educación y formación necesaria para que se valgan por ellos mismos en el futuro y puedan ayudar a sacar adelante a su país. 

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