ESPECIAL TERCER ANIVERSARIO
El viernes 10 de octubre de 2008, vísperas del puente del Pilar, cuatro compañeros del club, Paco, Javier, Rosa y yo, habíamos organizado una ruta para ascender a la montaña más alta del norte de África, y a su vez la de Marruecos, el monte Toubkal (4167 m), ubicado en la cordillera del Atlas. Los tiempos estaban ajustados, casi cronometrado al minuto: autobús, ferry, tren nocturno a Marrakech, taxi, mulas, refugio, coronar cumbre y de vuelta a casa. en este proyecto habíamos puesto mucha ilusión y varias semanas de preparación. Al estar tan ajustado el tiempo, si algo fallaba, el proyecto se iba al traste.
Ese viernes a las 19 horas teníamos que coger el ferry desde Tarifa, y que nos llevaría a Tánger.
El pronóstico del tiempo no era bueno. Un temporal se había concentrado en el estrecho de Gibraltar. Olas de hasta 7 metros de altura, los ferrys todos cancelados hasta nuevo aviso, pero ¿hasta cuándo?…., ¿Horas? ¿Días? El temporal tenía que amainar.
Visto lo visto había que improvisar, buscar alternativas de rutas: volver a casa, esperar…¿qué debíamos hacer?
De momento esa noche buscamos alojamiento en Tarifa y al día siguiente ya veríamos.
Desde las 9 de la mañana pegados en el puerto a la espera del siguiente ferry, pero ¿cuándo saldrían? Las olas tenían que amainar. Así que con una buena filosofía y algo de calma a las 17 horas del sábado por fin salió el ferry.
Ahora empieza nuestro viaje. Destino Tánger y posteriormente Xaouen a 120 kilómetros hacia el sur.
Tras una hora de travesía (55,80 euros ida y vuelta) y pasar todos los controles fronterizos, nuestra siguiente misión era negociar un taxi que nos llevara a Xaouen.
Aquí el regateo es moneda de cambio. Decenas de taxistas se dirigen hacia nosotros y el cabecilla, que controla el cotarro, es el que se encarga de marear.
-Taxista, ¿a dónde vais?
-Nosotros, a Xaouen.
Se empiezan a escuchar cantidades: 100 euros, 70 euros… Nosotros nos hacemos los desinteresados, o más bien haciendo que no nos interesa, y empezamos a regatear el precio. 60, 50, 40, 45, y así durante cinco minutos. Al final 45 euros (unos 500 dirham), no está mal.
Algo mosqueado el taxista por no haber conseguido su objetivo, nos lleva durante todo el trayecto con el corazón en vilo. Adelantamientos suicidas, de noche, y un sinfín de personas que circulan por el ¿arcén?
Tras dos horas de rezar varios “padres nuestros” y un par de “aves marías” llegamos a Xaouen. ¡Increíble, estamos vivos! Son las 21:30 (dos horas menos en Marruecos en ese momento, acababan de cambiar la hora, en España aún no), y el taxista no se rinde, pide algo más de lo pactado. Su paciencia se convierte en agresividad, y dando marcha atrás con el taxi intenta atropellar a Rosa que se encuentra junto al vehículo.
En las callejuelas de la medina, el gentío, el colorido, el olor se apoderan de nosotros. Hacía años que no percibía esta sensación.
Buscamos el hostal Gernika, del cual teníamos buenas referencias, y que se encontraba en el otro extremo de la medina. Los chavales se nos acercaban y nos hacían de guía, otros nos ofrecen su casa, y otros algo de hierba.
Atravesar las callejuelas de la medina a estas horas de la tarde era toda una feria: tenderetes, personajes con chilaba, mujeres con sus indumentarias de colores, niños que juguetean al fútbol, y en las tiendas, las alfombras, baratijas, gena, objetos de bronce, cobre….Es una verdadera gozada para el disfrute de todos nuestros sentidos.
Ya hemos llegado, estamos en el hostal Gernika. Aquí Pepe, un malagueño que regenta el establecimiento, nos atiende y nos informa de todo. 200 dirham la habitación doble (unos 19 euros).
Salimos a dar un paseo nocturno, y de paso a cenar ¿Dónde? En casa Hassam, un agradable lugar, donde saboreamos la comida marroquí: harida de primer plato (especie de una sopa con legumbres y unas pastas, y todo esto aromada con especias), carne a lo dulce de segundo, postre y de bebida refresco,( las bebidas alcohólicas están prohibidas en Marruecos), total 9 euros, carillo, pero exquisito.
Un paseo por las solitarias callejuelas de la medina y a dormir.
Xaouen es azul, muy azul. Las paredes de las casas encaladas de un añil claro.
Una pequeña y encantadora ciudad situada en un ancho valle de la cordillera del Rif. Su nombre en francés es Chefchaouen ("vista de las cumbres"), sin embargo mucha gente sigue utilizando el nombre español.
Xaouen te atrapa, te embruja, te enamora. Son todo virtudes: su gente, su enclave, su medina, y su color azulete, tan característico, que lo utilizan para ahuyentar a los malos espíritus, según cuentan los lugareños.



























