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Manifiesto 25 de septiembre de 2008

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Desde el siglo XIX, las mujeres pioneras en la lucha por la igualdad de género, comienzan a cuestionarse una realidad que no les gusta y a exigir la superación de las desigualdades. Fue el comienzo del Feminismo que se ha ido perfilando a lo largo del siglo XX como teoría social y política plena. Esta teoría conlleva unos principios ideológicos (filosofía feminista), unos objetivos a conseguir (programas) y unas prácticas que realizamos cada día desde cualquiera de los ámbitos en los que nos desenvolvemos las personas que creemos en la igualdad. El siglo XXI tenemos que conseguir que sea el de la igualdad real entre hombres y mujeres, para ello, podemos comenzar con un repaso a la Historia:

El feminismo, que comenzó por ser una opción minoritaria, ha ido calando poco a poco, hasta el punto de que cualquier mujer occidental, sea o no feminista militante, tiene reconocidos sus derechos de ciudadanía y sabe que puede exigirlos.

La realidad ha ido cambiando y las mujeres tienen hoy reconocido el acceso a la educación/formación, el trabajo o la participación social, gracias a la reflexión teórica y a las acciones realizadas a lo largo de este tiempo desde el feminismo. Y estas acciones nos lleva a pensar que las mujeres estamos protagonizando una de las más grandes revoluciones históricas, porque nuestra toma de poder conlleva varias diferencias con respecto a las anteriores:

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a) Nuestras conquistas de parcelas de poder nos sirve para tener acceso a la toma de decisiones para construir un mundo más justo, pero compartido. No queremos poder sobre nadie y menos contra nadie.

b) Nuestros avances y logros suponen conseguir parcelas de libertad no sólo para nosotras, también supone un avance para los varones. Les posibilita quitarse los corsés que la sociedad patriarcal les exigía como proveedores. Sus responsabilidades pueden compartirlas (las mujeres también trabajan y mantienen a la familia) y las exigencias de su socialización se relajan (pueden llorar, mostrar ternura, sentir miedo…)

c) Es una revolución poco espectacular pero de grandes cambios, ya que está transformando  a la sociedad desde sus cimientos más profundos. Cambiar la estructura familiar, supone darle la vuelta a la Historia que ha basado su desarrollo en el sostén social de las familias y éstas se nucleaban en torno a una madre omnipresente y plurieficaz.

Estos cambios suponen que todo el poder se subvierta porque:
a) Los varones tienen que empezar a ceder parcelas de poder público y, a la vez, asumir responsabilidades familiares. Si bien esto les hace tambalear, porque su autoestima de ganadores les lleva a competir y les cuesta convivir desde la cooperación, cuando la sociedad haya logrado la plena igualdad, dejaremos de ser medias naranjas para ser naranjas enteras, como decía Mª José Urruzola, por tanto, todas las personas saldremos ganando.

b) Los Gobiernos tienen que legislar sobre lo privado (atención a dependientes, educación,…). Compartir el ámbito público ha llevado a que se reconozca el papel de las mujeres en la familia, su exceso de responsabilidades y la necesidad social de solucionar colectivamente las carencias, dada su importancia para el bienestar público. Una sociedad más igualitaria, es una sociedad más rica.

c) La sociedad comienza a cambiar su mirada, los estereotipos de género están totalmente desfasados y hay que cuestionarse las muestras culturales, como el lenguaje, el arte, la Historia…  Quitar los corsés de género, hace a las personas más libres y felices.

d) El sistema de valores cambia. Se cuestionan valores de la tradición patriarcal y se revalorizan algunos de tradición femenina (conciliación, cooperación, ternura y expresión emocional…). Hombres y mujeres tienen la posibilidad de sentir y expresar cuantos valores y sentimientos asuman.

Por tanto, sería ingenuo pensar que podríamos conseguir una revolución sin víctimas. Es verdad que estamos llevando a cabo una revolución pacifista y no violenta, pero no todo el mundo acepta los cambios. Quienes tienen miedo a perder su estatus, reaccionan con violencia y, tristemente, en esta revolución las víctimas están todas del mismo lado.

Y cuando hablamos de víctima, no hablamos con victimismo. Porque seguimos viviendo en una sociedad desigual en el que las mujeres no sólo somos víctimas de las agresiones de siempre (física, psíquica y sexual), que es lo más grave, es que seguimos asumiendo una pluralidad de responsabilidades que nos desbordan y a la vez se nos achaca la culpabilidad de cuantos problemas sociales van surgiendo. Esto da lugar a nuevas violencias:
a) El fracaso escolar se justifica porque las madres no están en casa.
b) Hay paro porque muchas mujeres disfrutan de trabajo asalariado
c) Si hay un problema de tráfico, “mujer tenía que ser”.
d) La violencia laboral, con discriminaciones salariales o acoso están a la orden del día y generalmente son difíciles de demostrar, por lo que quedan impunes en demasiadas ocasiones.
e) En el humor, se sigue ridiculizando a las mujeres en los corrillos de la calle y en los medios de comunicación de masas, sin que nadie se altere.
f) Socialmente, se sigue utilizando la imagen de la mujer como objeto de deseo y consumo, en todo tipo de soportes publicitarios.
g) El techo de cristal, que impide a las mujeres alcanzar los puestos de responsabilidad y toma de decisiones, siguen existiendo en las cúpulas de las organizaciones políticas y económicas.
h) Cuando una mujer alcanza un puesto de gran responsabilidad, se la mira con lupa y todo lo que hace o dice es cuestionable.
i) La vida de la mujer se está medicalizando, tanto, que todos nuestros procesos naturales se llenan de tratamientos médicos y  medicinas (embarazo, parto, menopausia…) sin poder decidir libremente lo que queremos.
j) El grado de exigencias hacia las mujeres es tan alto y tan diversificado (buenas madres, profesionales eficientes, buenas amantes, hijas amables y generosas, ciudadanas participativas, amigas cultas y comprensivas, bellas y elegantes…) que caemos fácilmente víctimas del estrés.

Todo esto es también violencia contra las mujeres que generan heridas en su salud física y psíquica (depresiones, ansiedad, dolores articulares o musculares, baja autoestima…).

 Por tanto, reivindicamos desde aquí: ¡Basta ya de violencias contra las mujeres!. Construyamos un mundo igualmente amable para todas las personas en el que hombres y mujeres nos conozcamos y reconozcamos para poder vivir en libertad, cooperar en igualdad y amar con y desde la felicidad.

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