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    ¡Ay, qué gustito para nuestras orejas!

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    Raimundo AmadorExcelente directo de Raimundo Amador que tuvo que conceder dos bises a su público

    Cuando niño me contaban el cuento de un músico de Hamelin que con una flauta iba arrastrando tras de sí  a las ratas del poblado. Raimundo Amador, el pasado viernes en la caseta municipal, hizo también de flautista de Hamelin, atrayendo hasta los pies de su escenario a muchos curiosos que con los primeros sones iban entrando en el recinto atraídos por su música, logrando ambientar en tan sólo unos minutos un desolador panorama en el que a diez minutos para que comenzara el concierto había cuatro gatos.

    Que Raimundo es uno de los mejores guitarristas españoles  lo saben desde las Tres mil viviendas hasta Islandia o Misisipi.

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    Y si no que se lo pregunten a Björk o BB King, grandes artistas con los que el músico sevillano ha compartido escenario. Pero, por si a algún desaprensivo le quedaba alguna duda al respecto, Amador demostró sobre las tablas su maestría tanto con la guitarra eléctrica como con la española, fusionando a la perfección y con un arte que no se podía aguantar los sones flamencos con el mejor blues. Fiel a sus raíces, Raimundo comenzó su recital, para ir caldeando el ambiente, con dos bulerías a guitarra que levantaron los primeros aplausos de la noche. Sin mediar ni una palabra, tan sólo algunos gracias para las ovaciones de su público, se pasó a los sones negros del blues con el fin de ir desgranando, en una sucesión de temas concatenados, los grandes éxitos de su discografía.

    En el recinto ferial se cantaron y bailaron Hoy no estoy pa nadie, Candela, Gitano de temporá o Ay, qué gustito pa mis orejas, uno de los más aclamados por los asistentes. Las versiones también estuvieron presentes. Luis Cortés Amador lo acompañó en una versión del grupo Pata Negra, su hija, Carmen Amador, hizo unas personales y flamencas versiones de Si tú te vas o Camarón, y una amiga del cantante, Rosa, interpretó acompañada por Raimundo el Respect de Aretha Franklin.

    Cuando parecía que el concierto llegaba a su fin con la escueta despedida del artista, la insistencia de su público provocó la vuelta al escenario de Amador y sus músicos que tocaron Pata de palo y, como no podía ser de otra forma, uno de sus temas bandera, Bolleré, momento que aprovecharon muchos de los presentes para grabar el momento, cámara digital o móvil en mano, para colgarlo en Internet.

    Pero aquí no acabó la cosa, ya que, ante la persistencia de sus aficionados y tras un “yo es que estoy muy a gusto con vosotros”, Raimundo Amador volvió por segunda vez al escenario acompañado, cómo no, por su troupe, para regalar como broche de oro a su público una fiesta gitana por bulería en la que se cantó, bailó y hasta hizo sus primeros pinitos la menor de la saga, Luna, que acompañaba con sus bailes los toques de guitarra del patriarca familiar.

    En definitiva, un recital de casi dos horas de buena música en directo que, por la desidia de un público que no valora la buena música ni aunque se la regalen a tres euros, sólo disfrutaron unos pocos afortunados.

    Bien arropado
    Raimundo Amador estuvo arropado por casi toda su familia el viernes en su concierto nazareno; un elenco de jóvenes pero sobradamente preparados músicos que disfrutan de un buen maestro.

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