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Subida al Mulhacén (y II)

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VIAJESPERDIDOS EN LA CIMA DE ANDALUCÍA

Son las seis de la tarde y ya llevo una hora aquí contemplando todo esto. Me quedaría más tiempo, pero hay que bajar. Suerte la de las dos alicantinas, que llegaron cuando nosotros y ellas sí se quedan, se quedan a dormir. 

FICHA TÉCNICA DEL VIAJE
Ubicación: Sierra Nevada (Granada).
Inicio ruta: Hoya del Portillo (2150 m), desde Capileira.
Altitud pico mulhacen: 3482 m.
Desnivel: 1.300 m.
Longitud: 33 km. ida y vuelta.
Tiempo: 12 horas.
Dificultad: media-alta.
Club senderismo y montañismo: www.senalycamino.es

 

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Es tarde. Aunque estamos en el día más largo del año (24 de junio), los cálculos no me salen. Presentía que a la vuelta la noche nos caería. Y así fue.

Empezamos a bajar rápidamente del Mulhacen, y cogimos por la pista, que en un principio, pensábamos que sería más rápido. En la lejanía la pista serpenteaba, se hacía larga y con muchas vueltas. Así que cuando llegamos a la altura del refugio de Poqueira, bajamos hacia el, y tiramos por el camino de las acequias. Ya llevábamos casi dos horas y aún quedaba muchísimo por recorrer. El sol poco a poco desaparecía tras las altas montañas. La velocidad al andar cada vez era mayor, sabía que tenía casi que correr, la claridad la quería controlar casi al instante, el tiempo, la distancia, el camino… Tenía un mal presagio.

Ya son más de las nueve de la noche, y el camino parece no terminar nunca.
Junto al sendero un pequeño cortijo, un rebaño de ovejas, y, por suerte, su propietario, al que aprovecho para preguntar:

–Por favor, ¿este camino nos lleva directamente a la barrera donde hemos dejado los coches en Hoya del Portillo?

–No, el camino tenéis que dejarlo, y a cambio seguir por la acequia, os llevará directamente a la barrera. Pero la noche os va a coger, es tarde, y aún queda.

El presagio, cada vez más cercano, se iba a convertir en realidad.

Efectivamente, el sendero llegaba un momento en que seguía para Capileira, nosotros continuamos por otro que subía monte arriba. En cualquier caso íbamos bien, las acequias estaban junto a nosotros, en la misma dirección.

La noche ya nos cayó, y el camino seguía, y seguía hasta desembocar en  una pista. En este justo momento sabía que estaba perdido. ¿Hacia donde?, pista arriba o pista abajo

 Desorientado, nuestra gran suerte fue disfrutar de una noche con luna medio llena, y, por lo tanto, con suficiente luz para por lo menos palpar el camino.

La pista nos llevaba a un cortijito, donde la primera intención era preguntar por nuestra ubicación. Situados dentro de su propiedad, los perros ladraban y la precaución era un factor a tener presente, de este modo, y ante la duda, cogí uno de mis bastones, por si la cosa se complicaba con aquellos enfurecidos caninos.

Como era de pensar, en la casa no había nadie. Recordé lo que nos dijo el pastor sobre el cauce de la acequia, así que nos dirigimos a ella, y la fuimos bordeando.

Pero andar junto a la acequia era difícil, complicado, e incluso peligroso, ya que se veía demasiado poco, y en cualquier momento podíamos caer.

Optamos por retirarnos de ella, y buscar de nuevo la pista. ¿Hacia arriba o hacia abajo?.
Empezamos a bajar, y después de casi un kilómetro, percibía que esa era la pista que cogimos en coche cuando subimos desde Capileira, Intenté orientarme, y buscar algunas referencias que recordaba de cuando subimos. Me fue de gran ayuda durante algunos minutos detenerme a pensar: referencia de unos bosques, carteles del límite del parque nacional, Capileira, el veleta, y la posición de cuando empezamos la ruta. Esto es complicado teniendo en cuenta que son más de las once de la noche.

De este modo di la vuelta en la pista, y empecé a subir. Buscaba desesperadamente el bosque donde habíamos dejado el coche. Yo ya no podía más, estaba reventado, pero sabía que tenia que seguir. Rosa detrás de mí, también destrozada, preocupada, e inquieta. Gran dilema: de noche, tengo que seguir, y ella se queda atrás.

Mi doble preocupación; ¿el coche realmente estará pista arriba?, y Rosa queda abajo sola y de noche.

Por mucho que pensara y debatiera solo podría hacer una cosa, lo que estaba haciendo, subir a una gran velocidad pista arriba.

A unos dos kilómetros ya entré en el bosque y esperaba encontrar el coche, pero mi gran desilusión, frustración y sorpresa, fue atravesarlo y no encontrarlo. Pensé, será otro que habrá más adelante. Mi paso se aceleró, y no dejaba de pensar que pasaría si una vez en el siguiente bosque tampoco lo fuese.
¿Volvería?, ¿seguiría? …

Mi gran alegría, un cartel de Hoya de Portillo, me indicaba que solo faltaba un kilómetro hasta la barrera. Ahora sí corrí, ya son casi las doce de la noche, Rosa está pista abajo, no sé donde, pensé y aún corrí más, no se de donde sacaba las fuerzas, quizás de la mente.

Entre sombras medio apagadas en la noche, eché mano a mi bolsillo, y muy pensativo, saqué las llaves del coche, las alcé en alto con mi mano, e hice ‘clip’.

Cuatro milagrosas lucecillas se iluminaron en esta oscura noche. Por fin, aquí está el coche. Rápido bajé por la pista, y al poco, Rosa también subía y la recogí.

Lo peor no había pasado, aún me quedaba 300 kilómetros hasta Sevilla. Ahora si he llegado, son las cinco de la madrugada, y me cuesta bajar del coche, no siento las piernas.

Gracias a ti luna, por guiarme e iluminarme. Siempre te recordaré.

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