Un grupo heterogéneo de 14 alumnos participa en el taller de guión que se celebra esta semana
“Yo soy como la señorita Rottenmeier y ellos son como Clara”. Así de explícito se muestra Mariano Catalán, el profesor (“eso dicen”) encargado del taller de guión que comenzó el lunes en la Biblioteca Municipal. Entre bromas y ocurrencias, Catalán descubre las técnicas del guión, cómo llevar una idea de la cabeza al papel y del papel a una pantalla. “Por ahora los aburro”, comenta, aunque la intención del taller no es insistir en la teoría, sino más bien aplicar esa teoría para ver cómo funciona, “rodarla para ver cómo queda y qué cambios hay que hacer”. Se trata de conseguir tener, prosigue “los elementos necesarios para hacer un guión de un cortometraje, una base para que ellos luego puedan escribir por su cuenta, no se trata de enseñar tantas teorías sobre el guión, sino los elementos básicos para narrar una historia”.
Entre los 14 alumnos, los hay con más preparación que otros, unos se han apuntado para completar su formación en el mundo audiovisual, y otros, simplemente, por aprender más o porque tenían afición a la escritura. Catalán, con amplia experiencia como responsable de cursos de este tipo, bromea: “la mayoría tiene inquietudes, si no, no vendrían de cinco y media a ocho y media teniendo mejores cosas que hacer”. El oficio de guionista no está muy reconocido, pero para labrarse un futuro en este campo es necesaria la perseverancia, y como ejemplo, Catalán propone a Benito Zambrano, antiguo alumno suyo, que tuvo que esperar mucho antes de saber si alguna vez un guión suyo llegaría a las pantallas de los cines.



























