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    Sobresaliente puesta en escena de Atalaje

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    Espectáculo AtalajeEl espectáculo de Juan Ruesga ha sido contemplado por 5.000 espectadores

    Nunca me había fijado en la placidez y la inmensidad que trasmiten las vistas del Gran Hipódromo de Andalucía Javier Piñar Hafner sentado desde sus gradas a la luz de la luna. Un baza en favor de Atalaje, espectáculo creado por el arquitecto Juan Ruesga con motivo del primer Salón Internacional del Enganche, y que se ha servido de las instalaciones hípicas nazarenas para mostrar durante cuatro días el ayer y hoy del coche de caballo. Como si de una gran pasarela se tratase, eso sí, de albero, fueron desfilando por delante de todos los asistentes un sinfín de carruajes de todos los estilos y épocas, mientras en una gran plataforma central, dos artesanos se afanaban muy profesionalmente a la labor de restauración de un carro desvencijado.

    Desde los sonidos iniciales de la Memoria del Agua, de Camarón, a los sones épicos y competitivos del final, durante sesenta minutos, el hipódromo se convirtió en una gran moviola, pero en color, nada de blanco y negro, que sirvió de gran pantalla para un pintoresco y colorista paseo con todo lujo de detalles que exhibían los usos dados a lo largo de la historia a uno de los medios de transporte más antiguos de todos los tiempos.

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    Nos teletransportamos en el tiempo a un pasado muy remoto, en la que los carruajes eran utilizados como aperos de faena en el campo, para la vendimia o, incluso, la caza; viajamos, con bandoleros y guardias civiles incluidos, en carruajes de época; nos trasladamos a la ‘Belle Epoque’ y a sus plácidos paseos románticos; y hasta nos dimos una vuelta por la feria; para terminar comprobando la utilidad de estos vehículos como instrumento de competición, en una exhibición de habilidad y destreza cargada de adrenalina. Todo ello muy bien estructurado y con el eje argumental de las cuatro estaciones que fueron guiando los usos y disfrutes de los enganches.

    No faltó ni un detalle
    La narración de Roberto Quintana fue quizás, demasiado poética, al estilo de los viajeros ingleses románticos. Pero, se echó en falta una menos rimbombante y más explicativa voz en off que se centrase más en datos y detalles de los carruajes a lo largo de la historia. Aunque para los amantes de las curiosidades, muy apropiadas e interesantes sus continuas alusiones literarias a la aparición del enganche y los caballos en las obras de la literatura universal.

    Excelente y sobresaliente, sin embargo, la puesta en escena de Ruesga, quizás, lo más resaltable de un espectáculo, muy visual, para el que se han desplegado todos los medios habidos y por haber, con la participación de 16 carruajes, 21 actores y actrices, y siete jinetes. Muy conseguida la ambientación, vestuarios y atrezzos, entre los que no faltaron ni el perro de la cacería ni los termos de café para los paseos por el campo.

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