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    Volver a empezar tras el derrumbe en los locales de El Chaparral

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    El local que ocasionó los desperfectos sigue sin ser reformadoTras el incidente sólo ha abierto sus puertas la hamburguesería

    Partiendo de cero y con una hipoteca de 600 euros mensuales, al tener que dejar un local en alquiler para comprar el contiguo, se encuentra Ana María Muñoz, propietaria de Hamburguesería Luna, uno de los locales de la Plaza de las Acacias en la barriada El Chaparral que se vieron  afectados por un derrumbe que les cambió la vida a finales del año pasado. Los establecimientos han permanecido cerrados desde entonces cuando la caída del techo del local que hace esquina, a causa de las lluvias y el mal estado de su edificación, provocó un efecto en cadena, dañando el resto de establecimientos.

    El resultado son diez meses de reformas que en el caso de Ana María la han obligado a cerrar su negocio, afrontando unas obras presupuestadas en 108.000 euros, 18 millones de las antiguas pesetas. Esta difícil situación la ha podido soportar “gracias a la asistenta social del Ayuntamiento que me ofreció un contrato por seis meses, y a la ayuda de vecinos, hermandades, Cáritas y la asociación”, según explica Muñoz.Asimismo, prosigue Ana María, “la delegación de Urbanismo nos ayudó a agilizar los trámites de la licencia de obras y nos eximió de las tasas”.

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    Pero no todo han sido ayudas para esta mujer empresaria, ya que su agencia aseguradora no ha corrido con los gastos de la reforma, comenta la encargada, “al haber surgido el problema en otro local”. La difícil situación económica por la que atraviesa no le ha permitido, comenta, “meterme en un juicio porque no tengo dinero para pagar un abogado”.

    Ahora, una vez culminadas las obras, la hamburguesería vuelve a abrir sus puertas, empezando de cero. Pero ahora ya no es lo mismo, ya que, apunta Ana María, “han pasado diez meses y los clientes se han buscado otras opciones de ocio y nos está costando volver a la normalidad, además de que, de los tres comercios que estaban instalados en esta parte de la plaza, ya sólo quedo yo, puesto que la tienda de ultramarinos se ha trasladado a Las Portadas y el kiosco está en la parte de enfrente, y no es lo mismo”.

    Ana María Muñoz y su familia siguen viviendo, una vez reabierto su negocio, con el temor de que los problemas vuelvan a aparecer, ya que su establecimiento colinda con el local del derrumbe, cuyo propietario, según Ana María, “se ha limitado a tirar el techo como le exigió el Ayuntamiento y sigue igual de abandonado, convirtiéndose en un criadero de ratas”. Además, al no tener techo, Muñoz teme al periodo de lluvias, por si el agua de estas paredes combaten con las suyas y aparecen humedades.

    Sólo falta un detalle
    Debido a que sólo es uno el local que aún queda por restaurar, los propietarios de la hamburguesería quieren hacer un llamamiento a su propietario para que adecente este local, ya que “con lo ocurrido ya ha destrozado la vida de bastantes familias”.

     

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