La esencia de la vida, su sustancia,
su lema, su objetivo y su mensaje,
a menudo son parte de un paisaje
brindado en el valor de una fragancia
que entre prisas, dislates y arrogancia
suele el hombre olvidar en su mensaje.
Se hace pobre y ridículo el viaje.
Crece y mece su absurdo y su ignorancia.
Sin emgargo, las curvas del camino
también llevan al hombre a que discierna
que es posible igualar, ser y destino:
llega al punto en que exprime su cuaderna,
y comprende el cimiento femenino
que nos riega en vital leche materna.
Dedicada a todos los defensores de la lactancia materna, encarnados en la asociación La Leche



























