El psicólogo, un especialista que puede ayudarnos. Por qué, cuándo y para qué acudir al psicólogo
Normalmente cuando nos duele alguna parte de nuestro cuerpo no dudamos en acudir al profesional de la medicina. Sin embargo, seguimos mostrando dudas y reticencias a la hora de dirigirnos al psicólogo/a. Y así, a pesar de que necesitamos ayuda especializada y que contar nuestras penas a familiares o amigos no es suficiente, nos demoramos demasiado en solicitar una cita con el psicólogo y lo hacemos cuando ya no podemos más y los síntomas de sufrimiento, de inestabilidad psicológica, se han agravado.
Este retraso, que puede suponer varios años e incluso décadas, puede agravar un problema que atendido a tiempo quizá se hubiera resuelto sin mayor dificultad.
Ir al psicólogo/a para intentar solucionar un problema no significa que ya siempre debas acudir a su consulta, ni que estés "loco"; estos son dos tabúes muy implantados que carecen de fundamento serio.
El psicólogo no es un curandero/a que cura los males de nuestra psique, sino simplemente un experto/a en salud mental que actúa como asesor/a y que intentará ayudarnos y orientarnos a que consigamos (siempre por nosotros/as mismos/as) las deseadas seguridad y estabilidad, propiciando un mejor discernimiento en la búsqueda de soluciones y potenciando nuestra autoestima.
DEBEMOS ACUDIR AL PSICOLOGO/A CUANDO…
– Sintamos que la tristeza, la apatía y la falta de ilusión empiezan a agobiarnos.
– Pensamos que la desgracia se ha cebado en nosotros y comenzamos a asumir que todo nos sale mal y que las cosas no van a cambiar.
– Estamos atenazados por miedos que nos impiden salir a la calle, relacionarnos con la gente.
– La obsesión por padecer graves enfermedades o contagiarnos de ellas nos lleva a conductas extrañas y repetitivas, de las que no podemos prescindir sin que su ausencia nos genere ansiedad.
– Nos damos cuenta de que fumar, beber o consumir cualquier otra droga, apostar…, se ha convertido en una adicción de la que no sabemos salir y que genera perjuicios importantes en nuestra vida o en la que de quienes nos rodean.
– El estrés empieza a mostrarse a través de sus síntomas psicosomáticos: insomnio, problemas digestivos, cardiovasculares, sexuales…
– La ansiedad es una constante diaria, que impide la estabilidad y serenidad
– Los silencios, los desplantes o los gritos sustituyen al diálogo, y los problemas de comunicación enturbian nuestra relación con los demás y nuestra pareja.
– Las dificultades sexuales afloran y la imposibilidad de gozo y comunicación con la persona destinataria de nuestro amor.
Si finalmente decides realizar una consulta, recuerda que nuestra ética profesional nos obliga a mantener el anonimato y el secreto profesional de todas las conversaciones que se lleven a cabo. Toda la información recibida, por tanto, se tratará respetando la total intimidad y privacidad de la persona que realiza la consulta.
Es muy conveniente también que te asegures de que el/la profesional posee los estudios requeridos para ejercer y esté colegiado/a, ambas cosas muy obvias pero no tan aseguradas en la práctica actual.



























