Iniciativas públicas y privadas permiten que los niños disfruten del ocio durante las vacaciones mientras los padres trabajan
El verano es sinónimo de vacaciones, sobre todo para los más pequeños de la casa, que ven cómo se termina el curso escolar y tienen por delante dos meses de sol, calor y tiempo libre. Este tiempo libre no coincide, en la mayoría de los casos, con las vacaciones de los padres, que en ocasiones continúan trabajando en verano, con pocos días para el descanso. Así, se plantea la necesidad de la conciliación familiar y laboral, incluso en esta época. Por eso, desde las instituciones públicas y también desde la iniciativa privada, se programan opciones para que no se haga tan duro trabajar y tener familia cuando los niños ya no van al colegio.
En el caso de Dos Hermanas existe una amplia y variada oferta de escuelas y campus de verano, con la garantía de profesionales que se dedican a estas actividades y con la seguridad de que los pequeños disfrutarán de su tiempo de ocio acompañados de otros niños, mientras los padres acuden al trabajo.
Este verano con nosotros
La concejalía de Bienestar Social ha puesto en marcha, como cada año, su campamento urbano con cien plazas semanales para los niños de Dos Hermanas. Dos centros se encargan de acoger a los críos, el CEIP El Palmarillo y el CEIP Gloria Fuertes en Montequinto.
En este caso, se trata del conocido ‘Proyecto Búho’ que desarrolla actividades divididas en semanas temáticas, donde se trabajan ámbitos como la expresividad, la capacidad corporal y las aptitudes
musicales, además de los valores cívicos y la conciencia de grupo, integrando contenidos lúdicos y pedagógicos. Todos los niños realizan las mismas actividades, aunque adaptadas a su edad, de lunes a viernes, entre las 9:00 y las 14:00 horas. Aunque este año se cuenta con un novedoso sistema, llamado servicio de acogida que consiste en que los niños se pueden dejar a partir de las 7:40 horas y recogerlos a las 15:20 horas, para adaptar la escuela de verano al horario laboral de los padres.
Cada semana, además, se realizan salidas conjuntas entre los dos campus, relacionadas con la temática concreta. La semana pasada tocó el tema ‘Mamá, quiero ser artista’ y los niños representaron distintas puestas en escena en el teatro de Vistazul. Caretas, flores de papel, murales y pintura corporal, todo realizado por los niños, fueron su atrezzo.
Fiesta en verano
Por otra parte, y también dependiente de la concejalía de Bienestar Social, existe la escuela de verano para niños con discapacidades físicas y psíquicas. En este caso dos monitoras y una cuidadora se encargan de que los niños, de cinco a 18 años, estén atendidos y realicen actividades como manualidades, motrices o tareas tan cotidianas como manejar el dinero o hacer una lista de la compra en el ‘rincón del mercado’.
Este año, de 11 plazas se han ocupado nueve, de momento, según explica Isabel Rivera, técnica de la concejalía, “en un grupo homogéneo de niños entre 14 y 16 años, que están aquí para continuar desarrollando sus habilidades, relacionarse con sus compañeros y disfrutar del verano de una forma diferente”.
Las actividades están todas adaptadas a las características especiales de los niños y son específicas para mejorar sus habilidades personales y sociales.
Este año las actividades que sse están realizando en la Casa del Ajedrez están relacionadas también con la música y la educación en valores. Uno de los ejercicios consiste escribir los nombres de cada uno de los niños y luego ir incorporando cualidades positivas a cada uno de ellos, según sus propios compañeros.
Pionero en campus de verano
El club social de La Motilla acoge, desde hace seis años, el 'Campus de verano de tenis', y aunque, como su nombre indica, el tenis es el deporte principal de esta escuela, da cabida a prácticametente todos los deportes, incluso fútbol americano.
Este campus de verano está organizado en dos turnos divididos en las dos quincenas del mes de julio. Las actividades, de 9:30 a 13:15 horas, siguen una receta infalible para la diversión de los niños, con tenis por la mañana, desayuno y un deporte diferente cada uno de los diez días laborables que dura cada turno: baloncesto, balonmano y pádel, entre otros. Tras la actividad física, el día acaba en la piscina para practicar natación.
La aceptación es tal que desde hace dos años siempre se quedan niños en lista de espera, y es que los precios asequibles y la facilidad que tienen los padres de tener a los niños ocupados mientras ellos todavía están trabajando hace que el interés por este campus crezca año a año.
Esta temporada hay inscritos unos 60 niños en cada turno, con edades de entre cuatro y 17 años, por lo que se hace necesario dividirlos en grupos por su diferente capacidad física. En algunas ocasiones organizan grupos por nivel, pero el objetivo de este campus es conseguir que los niños se diviertan, lejos de buscar competiciones. Para que a los más pequeños tanto deporte no se les haga tan cansado, además de las actividades deportivas, participan en talleres de pintura, barro, collage y teatro.
Diversión, ocio y también educación
El verano se presta a las actividades de ocio, después de nueve meses intensos de curso escolar. Sin embargo, para que la educación sea completa en los más pequeños, los campamentos urbanos y escuelas de verano no sólo se centran en los aspectos lúdicos, sino que a través del juego suelen incluir actividades que continúen educando a los niños, sobre todo en valores de convivencia, respeto al medioambiente y hábitos saludables de alimentación.La demanda crece cada año
La incorporación de la mujer al mundo laboral ha traído muchos cambios en la forma de organizarse de las familias, sobre todo cuando los niños no tienen colegio. Así, en todas las escuelas de verano se han aumentado las plazas debido al crecimiento de la demanda, tanto de las iniciativas públicas como de las privadas. La ampliación de las instalaciones es buena prueba de ello.



























