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    Pluma y Carroza

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    Detrás del colorín, las lentejuelas,
    del tacón imposible, el maquillaje,
    los colores chirriantes o el montaje
    de luces, pintalabios y tachuelas;
    más allá de las reinas y reinonas,
    de la tanga en la loca travestida,
    la pluma en purpurina sumergida
    o relieves que bullen siliconas;
    por encima de las promiscuidades
    –que dicen, lleva implícito el cortejo–,
    del látex convertido en buen consejo,
    o de armarios clamando libertades…
    Aparte, pero tácito y presente,
    cuando el rímel se tira a la basura;
    una vez se retoma la “cordura”
    fundida en la cordura de la gente,
    la pluma y la carroza, silenciadas,
    duermen juntas –lesbiánica osadía–
    soñando la llegada del buen día
    en que no deban verse celebradas…

     

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