El Gran Hipódromo se desbordó para cantar y bailar con Papito
El Gran Hipódromo de Andalucía nunca se había visto en una igual y por lo que se pudo ver la noche del sábado, Miguel Bosé tiene más tirón entre los nazarenos y sevillanos que los trotes y galopes de los caballos de pura raza. Comparaciones odiosas aparte, el hipódromo nazareno se desbordó literalmente con la visita de ‘Papitour’, la exitosa gira que está llevando a Bosé por toda la geografía española y foránea.
La expectación era patente mucho antes de llegar al recinto, ya que los aparcamientos se extendían hasta el nuevo vial que llega hasta la Universidad Pablo de Olavide y sus terrenos colindantes. Una vez dentro, mientras unos aguantaban estoicamente largas colas para adquirir alguna consumición otros sobrellevaban la espera entre bocadillos de salchichón y latas de refresco.
A las 22:45 horas, en punto, tres cuartos de hora más tarde de lo previsto, la euforia contenida en el hipódromo se desató ante los compases de Sereno y la aparición en escena de la estrella, Miguel Bosé, Papito o Miguelito, como le gritaban las señoras endomingadas con un “¡ay, que guapo es!”. De negro riguroso (pantalón, camisa y chaqueta), Bosé lucía espléndido, y es que a este hombre, en sus más de 50 años, hasta la barba de dos o tres días le sienta muy bien.
Allí comenzó, en palabras del artista, un “largo viaje, ya que esta noche estamos celebrando mis 30 años de carrera y si alguien es cómplice de que yo esté aquí, esos sois vosotros”.Y con este entregado público celebró Miguel su larga y fructífera carrera. Para ello, sacó un baúl del que fue rescatando uno a uno, cual gramola, los éxitos que lo han convertido en un número uno del panorama musical español. En este repaso, Bosé se fue cubriendo y destapando, cual Doctor Jekyll y Mr. Hyde, con sus múltiples personalidades sobre un escenario. Se vio al Bosé melódico y romántico de Olvídame tú o Si tú no vuelves; el gamberro y amanerado de Linda, Supermán o Don Diablo; el reivindicativo de Belleza o El hijo del capitán trueno; y el Miguel clásico, el de toda la vida, recordando ante la euforia, temas como: Sevilla, Bambú, Morena Mía, Nena, Como un lobo o Los chicos no lloran.
Durante más de dos horas Miguel se entregó a un público poseído por los ritmos Bosé que bailaban y acompañaban vocalmente a un artista que se comía el escenario literalmente, pavoneándose y provocando a los presentes con movimientos difícilmente imitables. Miguel se fue, pero no tardó en regresar ante los gritos de un público enfervorecido y con ganas de más que le pedía a gritos Bandido. Volvió, los complació y hasta toreó. Luego, como los sueños, se esfumó…
Fútbol y escolta
En la variedad está el gusto. Eso debían pensar los señores que tenían un oído en el concierto y otro en Madrid con el Sevilla. Miguel felicitó a los sevillistas y tras el concierto se marchó escoltado,sorprendentemente, por dos patrullas de la Policía Nacional, en un todoterreno negro.



























