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Sendero del Guadalora. P.N. de Hornachuelos

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FICHA TÉCNICA DEL VIAJE
Ubicación: Hornachuelos, Córdoba
Centro de visitantes: “Huerta del rey”, carretera Hornachuelos-San Calitxo km 1,5.  tf: 957641140
Longitud recorrido: 14 km. Ida y vuelta
Dificultad: fácil
Duración: 5 horas
Club de senderismo y montañismo:
www.senalycamino.es
Fecha de la ruta: 1 de abril de 2007. 

P.N. HornachuelosMuy cerca  de Sevilla, donde la vega da paso a un gran bosque mediterráneo de encinas, alcornoques y quejigos, aparece exuberante el parque natural de Hornachuelos. Con sus 60.000 hectáreas, es un interesante pulmón, perteneciente a Sierra Morena, en las proximidades de Córdoba. Una ribera frondosa, regada por el río Gualalora: alisos, olmos y sauces dan frescura y belleza a esta ruta.

Detalle flora HornachuelosEn el recorrido destacan tres ecosistemas bien distintos y que en su conjunto hacen que tenga un atractivo especial debido a estos contrastes.

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Para empezar este sendero, se parte del centro de visitantes ‘Huerta del Rey’, en dirección a San Calixto, y a unos 450 metros el camino se estrecha y empieza a subir por una pequeña pendiente. A ambos lados, la lavanda, el romero y otras tantas plantas aromáticas, desprenden un fuerte olor agradable en este bello “jardín botánico”.

Tras 1,5 kilómetros, el paisaje cambia bruscamente, y ante nuestros ojos una gran dehesa aparece majestuosa cargada con grandes alcornoques, encinas y quejigos. Si avanzamos en silencio, podemos contemplar algún que otro ciervo correteando entre las sombras de los árboles. Y además cientos de huellas de jabalíes, marcadas cuando cae la tarde y aprovechan para salir de sus hogares en busca de suculentas bellotas caídas de las encinas.
Un gran olivar aparece justo antes de llegar a la Fuente del Conejo, donde la presencia de agua nos avisa de lo que nos encontraremos más adelante: almeces, olmos y sauces.

Adentrándonos ya en el tercer tramo, sin lugar a dudas el más bello, las vistas de la parte norte del valle del Guadalora, son sencillamente espectaculares. Un estrecho camino desciende rápidamente en busca del arroyo, donde arropado por un gran bosque da refugio a decenas de animales. Ya en una pequeña cascada formada por el agua al caer, un antiguo molino (llamado ‘de las palomas’) nos da una muestra clara de lo que fue este lugar en la antigüedad. Esta construcción aprovechaba el torrente del agua para moler el trigo cultivado en los campos.

Los propietarios de los cortijos pagaban al molinero, a través de la “maquila”, dejando una parte del trigo molido.
Ya en la ribera, atravesaremos el río en varias ocasiones, saltando las piedras colocadas estratégicamente en el agua y que aprovechamos para pasar.

En este momento, es cuando veo y pienso: “Si cerrase y abriese los ojos, no podría pensar que estamos en la provincia de Córdoba, es más, hace dos años hice una ruta por Asturias, la cuenca de río Esva, una auténtica selva. Pues sí, esto es lo que aquí veo. Una bella selva frondosa, con fuertes picachos en forma de paredes, donde los buitres revolotean a sus anchas”.

El río en algunos tramos desaparece, y de forma inteligente y sabia, y por simple capricho de la naturaleza, aparece por sorpresa poco más adelante, cuando menos lo esperamos, en una gran olla.

Ya casi al final del camino una antigua cantera de rocas calizas aparece en la parte izquierda, de donde se extrajeron las piedras necesarias para la construcción  de la carretera que conduce al embalse de Bembézar.

A unos 100 metros, el puente de Esira nos marca el final de la ruta.
“Cuantos lugares sin conocer, tan cerca de aquí, y sin saber que existían”.
“Flores rojas, amarillas, lilas…, salpicadas por el campo, delante, la vida del agua fluye por el arroyo, arroyo del Guadalora”.

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