El pregón se ha convertido en un poema constante dedicado a la Virgen
El pregón del Rocío de Manuel Pérez Muñoz ha sido un lienzo en el que el pregonero ha querido pintar los momentos más importantes y emotivos de su vida como rociero. Aunque todos esos momentos han sido imposibles de resumir, ya que son muchos y están ligados a toda su existencia, su familia y su devoción por María. “Quisiera reunir todos los recuerdos, sacar lo mejor de cada Rocío y convertirlo en uno solo”, ha dicho Manuel Pérez.
El Rocío y las miradas
Los ojos de la Vigen, las miradas, han sido uno de los ejes sobre los que ha girado esta exaltación de la Romería. “El verdadero Rocío está en las miradas, en los ojos de la Virgen, donde siempre encuentro a mis padres, a mi mujer, a mis hijos, a mi familia, y a los enfermos que al mirarte recobran la salud y la vida”, ha casi cantado Manuel Pérez emocionado.
Ojos que lloran de alegría, ojos que ven amaneceres, paradas, caminos, carretas y simpecados, ojos que rezan el Rosario y la Salve, ojos en los que se refleja el Pastorcito Divino, “¿qué tienen tus ojos, Rocío, que a los hombres cautivas?”, se ha preguntado el pregonero casi con la voz quebrada.
La virtud del silencio
Pincelada tras pincelada, Manuel Pérez ha ido retratando en su lienzo particular a la Virgen y a todo lo que rodea al sentir rociero. “Tienes boca de gran señora, Rocío, de las que imponen respeto. Una boca cuya mayor virtud es el silencio de una madre. El mismo silencio que se siente detrás de un antifaz. El mismo silencio que muchas veces no se rompe ante las injusticias, el hambre, los malos tratos, la guerra… y eso que con una sola voz se podrían acallar tantos gritos”.
Llenar a la Virgen de flores
El pregonero ha recordado también su etapa de prioste en la Hermandad, junto con José Manuel y Miguel Ángel, “una etapa en la que tuve la suerte de poder montar el altar, limpiar los enseres y cuidar y mimar a María. Pero no pude ponerte flores. Así que como pregonero te construiré un altar lleno de olores y colores, tu carreta será mi paleta de pintor con la que te adornaré con margaritas y romero”.
La emoción contenida ha continuado al rememorar una noche en la que Manuel estuvo poniendo ramos de flores en cada estancia de la Casa Hermandad en el Rocío mientras todos dormían, “como prioste no pude ponerte ninguna flor, pero como rociero te lleno el corazón de flores”.
A lo largo de un pregón que ha sido un continuo poema a la Virgen, Manuel Pérez ha tenido una mención para su mujer, sus padres, su abuela, el coro del Rocío, que ha hecho una magnífica actuación durante el pregón, para todos los que ya no están y para todas las Hermandades de Dos Hermanas.
Tras la presentación en la Misa Pontifical y la tarde del lunes en el patio de la Casa Hermandad llega el camino de vuelta, “un camino que se hace sin prisas; la aldea queda vacía y el corazón del rociero vuelve lleno”.
Camino del final, Manuel Pérez Muñoz ha dicho “en mi cuadro, que ya se va terminando y que representa al Rocío, pintaré una media luna y una Estrella, esa que me enseñó a ser hombre en una hermandad de nazarenitos de capas blancas. Y pintaré también un cielo, donde quepa el mundo entero, con un montón de estrellas por todos los que se fueron, porque no hay cielo más hermoso que el de los rocieros”.



























